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La muerte como elemento narrativo: ¿cómo trabajarla?

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La muerte como elemento narrativo: ¿cómo trabajarlo con profundidad?

A veces parece que los escritores tienen una fascinación extraña con la muerte. Vamos, ¡por algo es que estos desgraciados se la viven asesinando a los personajes que más amamos o torturándolos cuando pierden a alguien que les importa!

Esto tiene parte de verdad, pero lo cierto es que la muerte en sí es un tema que le fascina al ser humano porque forma una parte crucial de su existencia.

Todos vamos a interactuar con la muerte tarde o temprano, ya sea porque alguien cercano a nosotros se despide de este mundo o cuando nosotros mismos lo hagamos.

Eso permite que este elemento sea extremadamente poderoso en las historias y pueda interactuar con ellas de formas muy profundas.

Si te interesa aprender más sobre el tema, ¡no pares de leer!

¿Cómo exploras la muerte en el contexto narrativo?

La muerte en sí es un concepto que encierra misterio y en parte por eso es que existen varias formas de explorarla en una historia. ¡Deja que te comparta las tres clásicas!

Pérdida

La muerte como pérdida es la exploración más sencilla del elemento, ya que no interactúa con el misterio que entraña el concepto.

En este caso, la muerte se utiliza para representar la pérdida de alguien importante para un personaje que, a su vez, representa la pérdida de algo crucial para su existencia.

Es decir, cuando un personaje pierde a su padre, también puede estar perdiendo su sentido de seguridad, a su mejor amigo, su pilar emocional, etcétera.

A su vez, el mundo narrativo también está perdiendo el potencial de ese personaje, ya que su historia terminó de forma abrupta. Esto es menos doloroso para la audiencia cuando el arco del personaje concluye con su muerte, pero extremadamente deprimente cuando sucede con un actor que tiene “asuntos pendientes”.

Destino

La muerte como destino se explora en las historias a través de profecías, eventos apocalípticos, asesinos seriales o elementos similares que obligan al personaje a enfocarse casi por completo en mantenerse vivo.

Cabe destacar que aquí no estoy hablando de un personaje que, por alguna razón heroica, decide enfrentarse a un villano y debe pelear con él para rescatar a la princesa y poner en juego su propia muerte.

La muerte en esos casos es un riesgo, no un destino del cual el personaje debe escapar, esa es la diferencia.

Aquí estoy hablando de historias como El Aro o El Príncipe de Persia: el guerrero interior, o cualquier obra cuya trama gire en torno a conseguir la inmortalidad. El punto es que la motivación principal del personaje es escapar de una muerte destinada.

Más allá

El más allá representa la forma más complicada y controversial de explorar la muerte. Como te podrás imaginar, aquí estamos hablando de las historias que manejan ideas relacionadas con “aquello que se encuentra después de la muerte”.

Puede ser el paraíso, la reencarnación o la nada. Todo depende de la visión del escritor y las ideas que quiera manejar en su narrativa.

Nota: en este artículo no voy a profundizar sobre este tipo de exploración de la muerte, ya que sería demasiado largo. Dentro de relativamente poco, sacaré un artículo específicamente dedicado a este tema.

¿Por qué trabajarías la muerte como pérdida?

Independientemente de las creencias religiosas (o no religiosas) que tengas, es muy probable que la muerte sea algo simultáneamente aterrador y fascinante al mismo tiempo.

¿Por qué? Bueno, porque como ser vivo no eres ni siquiera capaz de imaginarte lo que significa. Ni siquiera el concepto de “la nada” es algo que puedes visualizar de forma tangible.

Lo único que te consta es que la muerte es una especie de final. Lo que sea que es la “vida”, acaba con la muerte, y por lo tanto es algo que le quita a una persona todo lo que la hace “persona” a tus ojos.

Nota: digo, lo mismo puede ocurrir con una mascota, claro está, pero las mascotas no tienen el mismo potencial que los humanos y es por eso que su muerte, incluso en el ámbito narrativo, no tiene las mismas connotaciones.

Cuando una persona muere, el mundo “pierde” algo. Eso que pierde puede ser algo bueno o malo dependiendo del personaje y la interpretación que la audiencia tenga de él, pero al final del día es algo “que se va”.

Pueden quedar sus ideas o logros, pero la persona ya no está con nosotros.

Eso es una idea extraña que siempre representará un aspecto misterioso de la vida con el que el ser humano no sabe interactuar del todo.

Lo interesante aquí, por supuesto, es que, narrativamente hablando, no es el muerto el que pierde algo, sino todos los demás que quedaron.

Es por eso que cuando alguien muere se tiende a recordar más las cosas buenas que las malas, ya que dejas de pensar en lo que “no tenía esa persona” y sí en aquello que la hacía ser “quién era” y, si eras cercano a ella, también te hace a ti ser “quién eres”.

En una historia trabajas estas pérdidas porque hacen que los personajes súbitamente tengan un hueco en su alma que los hace estar y sentirse incompletos, y ese conflicto para rearmarse es tan humano y profundo que puede darle a tu historia una inmensa cantidad de rutas narrativas.

Por supuesto, cabe destacar que existe un costo muy alto que pagar por manejar la muerte de esta forma y es, curiosamente, la pérdida del potencial del fallecido.

Una vez que decides matar un personaje también estás cerrando muchas (o todas) las puertas narrativas que lo incluyen, y eso también puede ser malo para tu historia.

Como regla, asegúrate que la muerte de un personaje abre más posibilidades que las que cierra, ya sea dándole un nuevo arco renovado a tu personaje principal o alterando las motivaciones de aquellos que quedan vivos.

¡No lo olvides!

¿Por qué trabajarías la muerte como destino?

La muerte como destino es un símbolo que busca explorar de forma más directa y literal la realidad con la que todos los seres humanos debemos convivir: sin importar qué tan grande, pequeño, famoso, pobre, rico, feo o guapo seas, tarde o temprano morirás.

Absolutamente todos nosotros tenemos una muerte destinada, solo que lo olvidamos hasta que nos topamos con una experiencia que nos devuelve esa idea de golpe. Puede ser la muerte prematura de alguien cercano o una enfermedad terrible que hace que el doctor nos dé una de las peores noticias que se pueden recibir.

Cuando eso ocurre, ¿qué haces? ¿Aceptas tu destino? ¿Te levantas contra él? Y, si lo haces, ¿por qué? ¿Qué es eso que te aterra de la muerte? ¿Es el hecho de que no sabes qué es? ¿Es el hecho de que amas la vida? Y si la amas, ¿por qué?

Todas estas preguntas son elementos que las historias con muerte destinada deben explorar si quieren que su obra tenga profundidad.

De hecho, es justamente porque muchas historias de terror no exploran esta parte que terminan siendo superficiales y narrativamente huecas.

Sobrevivir por sobrevivir no es muy interesante para nosotros porque hace que algo tan complejo como la vida y la muerte se convierta en una pregunta cíclica: ¿Por qué quieres vivir? Por que no quiero morir. ¿Por qué no quieres morir? Porque quiero vivir…

Es aburrido y falso porque hasta el más cínico quiere vivir por una razón, sea consciente de ella o no.

Eso justamente nos da otra pista de lo que debemos tener presente a la hora de manejar una muerte destinada: el personaje que la sufre debe explorar qué es lo que lo ata a la vida.

Es por esto que las películas de terror tienden a darle a sus personajes alguien a quien proteger: ese personaje actúa como una especie de ancla a la vida y le da un propósito al personaje que escapa de la muerte.

¡Y con esto llegamos al final! Espero que este artículo te haya ofrecido una que otra idea interesante que te lleve a construir una historia que utilice la muerte como concepto de forma profunda.

Si fue así (o no), ¡no dejes de compartirme tu opinión en los comentarios!

Publicado en Escribir

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