El rico: un concepto que requiere más sutileza de lo que crees

Ya sea por perjuicios personales o por opiniones extremistas políticas, no es tan raro que encuentres muchas personas que se imaginan que todos los ricos son sujetos con una pipa en la boca y un monóculo en el ojo, riéndose despectivamente de todo aquel que tiene menos dinero que ellos.

Es por eso que esta forma de proyectar a las personas adineradas se ha convertido en un cliché tan recurrente que nos empezamos a preguntar si no es una realidad incuestionable. Lamentablemente, creer eso último te impedirá construir grandes historias, porque es un análisis sumamente superficial que evitará que tu obra se sienta real y sincera.

Esto es una regla que aplica para cualquier arquetipo de personaje, pero en este artículo quiero hablar específicamente sobre el rico, porque me parece que es uno de los más malentendidos que hay.

Si te interesa aprender más al respecto, ¡no pares de leer!

¿Por qué el rico aparece con tanta frecuencia en las historias?

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La riqueza es un fenómeno muy interesante de la sociedad humana. Por un lado, es muy fácil que le guardemos cierto rencor a los que tienen una cantidad descomunal de dinero, pero (especialmente si somos esa clase de persona) seguro nos encantaría cambiar de lugar con ellos.

Entonces, no es que realmente pensemos que la riqueza es mala, sino el que la tiene y eso puede dar pie a conflictos narrativos sumamente poderosos, tanto porque puede explorar esa extraña contradicción del ser humano como entrar de lleno en problemas sociales y económicos.

A su vez, la riqueza le ofrece a los personajes muchísimos recursos y medios de acción, por lo que puede ser un elemento interesante para mover la trama con facilidad.

¿Por qué te conviene darle profundidad?

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Ahora, quiero que quede claro que no estoy haciendo una especie de argumento capitalista, ese no es el punto. Estoy hablando estrictamente desde el punto de vista narrativo; una perspectiva que exige que, incluso si vas a hablar de un villano despiadado, genocida y pirómano, le des cierta humanidad para que se sienta real y complejo.

Es muy fácil construir un rico esnob, obsesionado con sus posesiones materiales, sin ningún rastro de humanidad aparte de su complejo de superioridad. Es sencillo y válido, por supuesto, porque es incuestionable que estos sujetos existen y puede ser muy útil añadirlos a tu narrativa; sin embargo, si esto es todo lo que son o, peor, si todos son así, entonces ya no estás construyendo personajes, sino creando clichés andantes que son completamente intercambiables por cualquier otro tipo con dinero.

Por ejemplo, Jane Austen, una escritora que siempre trata con la alta alcurnia en sus novelas, es una experta en manejar este balance. Así como hay ricos insoportables y groseros con el que tiene menos (Lady Catherine) hay otros humildes y altruistas (Charles Bingley). Eso hace que la obra tome profundidad, porque no puedes simplemente etiquetar a los personajes basándote en la fortuna que parecen poseer.

No es tan sencillo como decir “rico=malo” o “pobre=bueno”, sino que cada quien debe ganarse el adjetivo por méritos propios, ¡igual que en la vida real!

Tus ricos no deben ser caricaturas que imitan a McPato, sino seres complejos que tienen razones para actuar como lo hacen, ya sea un comportamiento inmoral o moral.

Así como hay ricos corruptos e inmorales, que crearon su fortuna a base de engaños y crímenes, también hay varios que lo han hecho por medio de trabajo y talento.

Es muy fácil creerse la fantasía de que todos los que están en posiciones de poder se dedican a sentarse en una oficina y fumar cigarros mientras sus empleados hacen todo el trabajo, pero así no es como funciona la mayoría de las veces.

Lo cierto es que para siquiera llegar a esas posiciones, necesitas trabajar muchísimo. Estoy hablando de 80 horas a la semana, de que cada momento de descanso lo utilizas para leer libros y tomar cursos que te ayudarán a crecer, de competir contra cualquiera como si fuera una cuestión de vida o muerte.

Haz eso por 20 años y verás que llegas muy lejos, obteniendo la respectiva recompensa monetaria.

Ahora te pregunto, si lo lograras, ¿te parecería justo que te tacharan de riquillo cómodo que no sabe lo que es sufrir en la vida?

Este es un problema complejo, con muchas variantes que afectan la clase de opinión que tengas sobre el tema, pero justamente por eso tu historia debe reflejar esa complejidad.

¿Cómo construir una alta sociedad que se sienta real?

Seguramente ahora te estarás preguntando cómo puedes construir una sociedad de ricos que se sienta real y bien elaborada.

Por suerte, no es tan complicado, ¡solo sigue estos consejos!

Ricos buenos y malos

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Como te podrás imaginar, lo primero que tienes que hacer es asegurarte que los personajes varían en su alineación moral. Así como hay sujetos malos, hay neutros y buenos.

Por supuesto, esto no significa que debas dividir tu sociedad en una especie de sistema de facciones, sino que cada personaje persiga un fin con filosofías éticas diferentes.

A lo mejor habrá un personaje que simplemente intenta superar sus traumas personales humillando a los demás con la cantidad de dinero que tiene, y otro que está tan obsesionado con aumentar su fortuna, que está dispuesto a asesinar y traicionar a cualquiera.

Ambos personajes son inmorales, pero están a un nivel completamente distinto uno del otro. Mientras el primero es grosero y fastidioso, el segundo es un criminal que raya en lo monstruoso.

De la misma forma, puedes tener un personaje que ayuda a lograr una meta moral y buena, pero con motivos egoístas y propios; y otro que tiene muy buenas intenciones altruistas, pero está siendo manipulado para hacer algo malvado.

Es esta complejidad lo que te permitirá crear conflictos interesantes, donde la audiencia está sacando conclusiones de los personajes por lo que son, no por lo que tienen.

Pobres buenos y malos

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Tristemente, ni siquiera vicios como el esnobismo son exclusivos de una clase socioeconómica en particular. Incluso aquellos relativamente pobres pueden desarrollar un complejo de superioridad contra los que tienen todavía menos que ellos; o llegar a pensar que ser rico es lo que único que tiene sentido en esta vida.

¿Por qué digo esto? Bueno, porque si incluso algo tan incongruente puede existir, con más razón no puedes caer en la trampa de crear un mundo donde todo aquel que no tiene dinero, mágicamente posee un compás moral inquebrantable.

No, debe haber un balance. Esto no solo es crucial para que el mundo sea más parecido a la realidad, sino porque evitará que tu historia se vuelva una lucha entre clichés, permitiéndote reflejar la belleza y la oscuridad de la vida humana.

No todo gira en torno a lo material

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Uno de los clichés que más me desesperan en las películas, es cuando tenemos un villano estúpidamente millonario cuya meta es conseguir más dinero solo porque, como diría Don Cangrejo, “le gusta el dinero”.

Es tan superficial y ridículo que me saca por completo de la historia, especialmente cuando nunca se establece por qué el villano valora tanto el dinero para empezar.

Quizás me dirás que existen sujetos que les gusta el dinero solo porque sí, pero yo te diría que no. Incluso los más locos de Wall Street, cuya única meta es generar más y más riqueza para ellos mismos y sus clientes, lo hacen por razones que van más allá de lo material.

Tal vez quieran poder, posición social o quizás lo hacen porque es lo único que se les da bien en la vida, pero al final del día ejecutan la acción con la esperanza de obtener algo que NO TIENEN.

Si ya tienen dinero, entonces buscar más solo para que exista otro par de ceros en la cuenta de banco no tiene valor narrativo.

“Pero, JEFS, hay gente que se valora a sí misma de acuerdo a la cantidad de dinero que tiene en el banco, ¿ni siquiera ellos cuentan?”. No, porque incluso ellos lo hacen por una cuestión de autoestima, lo que están buscando es encontrar una excusa para justificar su existencia. Lo que no tienen, es la capacidad de valorarse a sí mismos por lo que son y por eso buscan otra forma de lograrlo.

Es una motivación muy idiosincrásica y que contiene cierta tragedia, siempre y cuando el escritor la trabaje en su obra.

No le pongas etiquetas a los personajes

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Para ser honesto, este consejo aplica para todo tipo de características fuertes que Hollywood se empeña en convertir en clichés. Ya sabes de qué hablo: raza, religión, posición socioeconómica, afiliación política, etcétera.

Ninguno de tus personajes debería ser posible de definir en su totalidad con una sola palabra. Si digo que Marcos es rico, no debería ser tan fácil para ti adivinar su personalidad, su forma de pensar y su compás moral. Lo mismo sucede si digo que es pobre o clase media.

Puede ser una parte importante de lo que es, pero no un resumen.

¡Y con eso llegamos al final! Ojalá te haya gustado este artículo y no lo hayas encontrado muy polémico. Una historia siempre debe buscar un balance, algo que vaya más allá de los prejuicios del autor y le dé profundidad a los personas y, por ende, la trama.

¡Espero que este contenido te ayude a entender esa perspectiva todavía más!

Pero dime qué opinas. ¿Estás de acuerdo? ¿En desacuerdo? ¡Comparte tu opinión en los comentarios!

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