La felicidad como elemento narrativo: ¿cómo construirla?

Los seres humanos somos diferentes por miles de razones, más de las que podría colocar en cualquier artículo, pero si hay algo en lo que todos somos iguales es en nuestra búsqueda por la felicidad, ya se la propia o la de alguien que queremos.

La vida es dura y difícil, con un humor bastante negro e irónico que parece burlarse de nosotros más de la cuenta. “Las vueltas que da la vida” dicen por ahí con mucha sabiduría, porque así como estás arriba hoy, mañana estarás abajo y viceversa.

Sin embargo, eso no quita que ese precioso momento, ese instante en el que las cosas parecen salir bien, sea algo que todos atesoramos y queremos recuperar en el momento en el que se va.

Ese conflicto humano es sumamente interesante y por eso es obvio que las historias necesitan explorarlo.

Si quieres saber cómo puedes utilizar la felicidad como un elemento narrativo profundo e interesante, ¡lee este artículo hasta el final!

¿Qué es la felicidad?

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La felicidad es simplemente un estado de ánimo en el que nos sentimos plenos y satisfechos.

Dicho esto, aunque la explicación es simple, realmente vivir esto no es nada sencillo, porque el ser humano no es la clase de criatura que se siente plena y satisfecha con facilidad.

A diferencia del resto de los seres que conocemos, los seres humanos tienen el bendito y terrible poder de “pensar en el futuro”, el día que viene después de mañana y mucho más allá.

Un león come y se acuesta a dormir, sin preocuparse si mañana conseguirá comida o no. Vive en el hoy y eso es todo lo que hay. Por lo tanto, no tiene razones para preocuparse ni perder el sueño.

Un humano, sin embargo, cuando consigue alimento para él y su familia, y no sabe cómo encontrará más al día siguiente, dormirá mortificado, sudando frío, teniendo pesadillas y despertándose constantemente.

Entonces, la felicidad no es algo que simplemente puede aparecer en el momento, sino que solo puede presentarse cuando la persona solo puede imaginar un futuro brillante.

Es en ese momento cuando su “poder” deja de ser una maldición y una tortura, y se convierte en la luz que le inspira a continuar, que le muestra un camino amable y hace que sea emocionante llegar al día siguiente.

Es crucial entender esto para poder crear en una historia una felicidad que se sienta real y pura.

¿Qué representa como símbolo?

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Por supuesto, en las historias, la felicidad no es simplemente un concepto filosófico, sino que es un símbolo que afecta la forma en la que la audiencia interactúa con la trama.

Eso es porque la felicidad, narrativamente, lo que representa es el equilibrio proporcional entre alcanzar una meta y lo que costó llegar a ella. Si ese balance está bien construido, entonces la felicidad será plena; sino existe ese balance, entonces el resultado será agridulce y la trama debe reflejar eso.

La famosa tesis de Maquiavello, “el fin justifica los medios”, ha sido malentendida por siglos y por eso cientos de individuos han destrozado toda posibilidad que tienen para ser felices.

En el libro El Príncipe, Maquiavello hablaba específicamente del caso de los monarcas o de las personas en situaciones de alto poder. En este caso, su lógica era textualmente:

Es preciso, pues, que [el príncipe] tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal —Nicolás Maquiavello.

Esta frase no aplica para toda clase de metas, sino para aquellas que giran en torno a mantenerse en el poder y comandar un Estado poderoso que no caiga fácilmente ante fuerzas extranjeras.

Entonces, si lo aplicas para tus personajes y luego pretendes que eso los hace felices, estarás creando algo completamente falso.

Para que la felicidad llegue, necesitas que tu personaje obtenga algo que, de acuerdo a su sistema de valores, sea proporcional con el sacrificio que hizo.

Por ejemplo, si el personaje adoraba a su esposa y esta lo abandona o muere por culpa de la meta, entonces es IMPOSIBLE que su felicidad llegue verdaderamente.

Si una esclava fugitiva quería huir con su hermana, y esta última pierde el habla y la vista en el escape, entonces no habrá felicidad al final.

Necesitas aplicar esto porque hay veces en las que NO puedes tener un final feliz. Por eso es que el final de Game of Thrones se siente tan falso, porque muchos de los personajes se ven extremadamente contentos, a pesar del infierno que vivieron para llegar a donde estaban.

Eso minimiza lo que pasaron y hace que se sienta artificial. ¡No cometas el mismo error!

¿Qué debes recordar al trabajarla?

Ahora que ya pasamos bastante tiempo hablando sobre la felicidad, es hora de que toquemos algunos puntos que necesitas entender a la perfección para sacarle provecho en una historia.

¡Sigue leyendo!

La felicidad es un estado momentáneo, no una meta real

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Una forma resumida de explicar lo que dije antes sobre Maquiavello y la idea que lo inmortalizó a lo largo de los años es simplemente: la felicidad no es una meta en sí misma.

Si alguna vez en tu vida has pensado “solo quiero ser feliz” o le has pasado esa idea a uno de tus personajes, lo cierto es que no estás haciendo más que soltar una petición vaga al aire, que no tiene ningún tipo de valor por su cuenta.

La felicidad no es algo que llega porque lo invocas, sino que es un producto de una serie de acciones que has tomado y que te han permitido llegar a una meta totalmente distinta bajo tus propias condiciones.

Y, lo más interesante de todo, la felicidad es un estado momentáneo. Incluso si consigues el sol y las estrellas, por tu propia naturaleza humana, es una cuestión de tiempo que vuelvas a enojarte con la vida y empieces a preocuparte de nuevo.

No importa si te vuelves millonario, si todos en el mundo te aman, si todo sale como quieres cuando quieres, etcétera. Encontrarás alguna razón para estar inconforme y eso no habla mal de ti ni mucho menos. Los seres humanos estamos hechos para solucionar problemas, y nunca nadie se ha parado a mejorar el mundo si está conforme con él.

Te digo esto no para que pienses que la felicidad es un engaño u otra idea nihilista como esa; ese no es mi punto. Lo que quiero es que entiendas la verdadera naturaleza de la felicidad y la presentes como realmente es en tu historia: como una consecuencia, no un fin.

Establece los elementos que le dan forma

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Antes mencioné que la felicidad depende, en buena medida, del sistema de valores del personaje, aquello que realmente le importa de una forma profunda.

Cuando hablo de un sistema de valores me refiero justamente a todo lo que el personaje “valora” y el orden en el que lo valora. Si pone a su familia primero, al dinero primero, al poder primero, todo eso afecta directamente la probabilidad de que sea feliz al final y, todavía más interesante, las acciones que está dispuesto a ejecutar.

Por ejemplo, Batman quiere limpiar Gotham, pero como valora la vida humana más que esa meta particular, su condición es que no puede asesinar a nadie para conseguirla.

Lo que no entienden muchos, es que para Batman los medios son tan importantes como el fin, porque entiende que para salvar el alma de la ciudad, él tiene que preservar la suya.

Entonces, si alguna vez tuvieras la oportunidad de crear un Batman que asesine, tienes que tener muy presente de que sentenciaste al personaje a una existencia de miseria y es crucial que entiendas esto para que tu obra tenga profundidad.

Si, por otra parte, quisieras que Batman tenga un final feliz, necesitas que consiga su meta sin sacrificar aquello que el aprecia según su sistema de valores. Llévalo al borde si quieres, pero no dejes que abandone sus creencias. Si lo hace, lo más que podrás obtener es un final agridulce (que está bien si es eso lo que buscabas).

Si la vas a destruir, deja que el personaje cambie por ello

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Ahora, quizás estés pensando en que lo que te interesa no es construir la felicidad de un personaje, sino explorar un personaje que es feliz y luego lo pierde todo.

Esto es una avenida narrativa bastante válida y poderosa, porque puede ayudarte a incluir elementos narrativos poderosos como el sufrimiento, el odio y la venganza, pero lo más importante es que permitas que el personaje cambie dramáticamente e incluyas su anhelo por volver a como todo era antes.

¿Por qué? Bueno, aquí volvemos a lo que mencioné en la introducción sobre las vueltas que da la vida: cuando estamos abajo, no podemos hacer más que añorar por estar arriba de nuevo.

Sin embargo, el personaje que creaste (y destruiste) ya no puede estar arriba jamás y lo sabe, y debes asegurarte que esa transformación psicológica está presente en la obra.

¡Y con eso acabamos! Como ves, la felicidad es un elemento narrativo bastante interesante y complejo.

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