La lujuria como elemento narrativo: ¿cómo manejarla?

La lujuria es uno de los pecados más peligrosos que hay, no solo porque es tan fácil caer en él, sino porque tiene la capacidad de confundirse con el amor, haciéndonos creer que nuestra meta es, de alguna forma, positiva.

Es por esto que muchas veces, escuchamos que ciertas actitudes con respecto al sexo se consideren como “distintas formas de amar”, cuando en realidad son fruto de la lujuria.

Tal es el caso del novio que te sugiere que tengan una relación abierta o la pareja que te pide que tengas relaciones con alguien más mientras observa.

Estos son temas fuertes que no son tan inofensivos como Hollywood o la corriente liberal extrema nos quiere hacer pensar, y no te digo esto para que te asustes o te vuelvas la policía ética de tu comunidad, sino para que te acerques al tema de una forma más madura y consciente.

Esto es particularmente importante cuando estás trabajando una historia, porque de lo contrario te resultará muy complicado trabajar este concepto de forma profunda o, peor todavía, confundirás amor con lujuria, lastimando así los símbolos y temática de tu narrativa.

Si quieres aprender más sobre el tema, ¡no pares de leer!

¿Qué es la lujuria?

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La lujuria es el deseo sexual desordenado e incontrolable que puede llegar a sentir un individuo. Es un sentimiento egoísta, que tiene como fin satisfacer las necesidades sexuales propias, sin importar lo que eso pueda provocar en los demás.

La lujuria es lo que hace que seamos infieles, que nos metamos con la pareja de nuestro mejor amigo o amiga o que veamos a nuestra media naranja como un objeto sexual en lugar de una persona a la que amar.

Parecerá broma o una exageración, pero, a medida que creces, empezarás a darte cuenta que muchas de las personas que viven un infierno en sus vidas, muy probablemente llegaron ahí arrastradas por la lujuria.

Este es uno de esos caminos que te llevan a los cincuenta años con tres divorcios bajo el brazo, varios hijos con los que no tienes relación o que te odian, y el horrible sentimiento en el pecho de que estás solo en esta vida.

El tema es que la lujuria no es algo que muestra sus consecuencias de inmediato. Un coqueteo por aquí y otro por allá no hacen daño a nadie (o eso te dicen), pero juega un poco más con esas llamas y te quemarás, quizás llevándote la casa y la gente que quieres por el medio.

Otra palabra clave ahí es “juego”, porque la lujuria casi siempre es divertida y hasta puedes hacer uso de ella en secreto, sin que nadie sea capaz de juzgarte por ello. Casi lo puedes llamar un placer culposo y equipararlo con comerte un chocolate a escondidas cuando estás a dieta.

Toda esa complejidad es justo lo que hace que este elemento pueda tener tanto poder en una historia, y por eso vale la pena considerarlo.

¿Cuál es su valor narrativo?

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Es importante destacar que la lujuria es una falla de personaje. Como la misma definición nos lo explica, la lujuria es un deseo “desordenado e incontrolable”, similar a la obsesión en el sentido de que se apodera de la agencia de la persona, en lugar de dejar que esta tome sus propias decisiones.

Dicho de otra forma, la lujuria esclaviza y somete al personaje a dirigir todos sus esfuerzos a una sola meta: satisfacer su deseo sexual.

Es por esto que la lujuria es un elemento mejor utilizado en villanos, como el caso de Frolo en El Jorobado de Notre Dame, ya que ofrece motivaciones muy poderosas que giran en torno a sentimientos negativos, y son ideales para crear conflictos dramáticos e impactantes en la narrativa.

Si viste la película, recordarás que Frolo estaba tan ensimismado con Esmeralda, que estaba dispuesto a quemar todo París para satisfacer su deseo y que, una vez que se volvió claro que no podría satisfacerlo como quería, prefería quemar en la hoguera a la gitana antes que dejarla viva.

No había amor de por medio ni nunca lo hubo, porque Esmeralda no era una persona para Frolo, sino un objeto con un propósito claro y absoluto. Si no podía cumplirlo, entonces no tenía sentido mantenerla en este mundo.

Ahora, también hay casos de personajes que presentan rasgos de lujuria sin ser necesariamente villanos, como sucede con Paris con Helena de Troya. Sin embargo, la regla también aplica, porque la lujuria sigue siendo una falla de personaje que puede actuar como una poderosa motivación que mueve la trama hacia delante.

Y, para hacerlo todavía más interesante, incluso hay casos en los que la lujuria puede ser un camino para construir algo similar al amor, pero esta es por mucho la ruta más difícil de construir.

Esto queda demostrado tajantemente con las novelas juveniles, donde es muy común que las relaciones giren en torno casi completamente a un deseo sexual, constantemente reforzando el atractivo físico de los personajes en lugar de construir algo real que los una.

Intentan partir de una premisa lujuriosa y lograr que evolucione en amor, pero manejan con tanta superficialidad el concepto, que terminan creando relaciones que se vuelven más tóxicas a medida que la trama avanza.

Uno de los ejemplos más interesantes de este tipo de arcos construidos de forma exitosa, está en Crimen y Castigo de Dostoyevsky, donde tenemos a un personaje terrible llamado Svidrigailov, un hombre casado y rico cuyo principal objetivo es satisfacer sus deseos sexuales oscuros.

Este personaje se obsesiona con una empleada que, a pesar de que rechaza sus avances, de todas maneras sufre las consecuencias de sus descarados coqueteos, perdiendo su trabajo y lastimando su reputación.

Su obsesión lo lleva a seguirla y tomarla desprevenida, con la intención de cometer una fechoría imperdonable. Sin embargo, en el último momento, con todo a su favor para salirse con la suya, se echa para atrás y deja a la pobre mujer en paz.

Sus asquerosas emociones le llevaron a observar con cuidado a su víctima, con la intención de atacarla cuando estuviera más débil, pero en el camino descubrió que no era un simple objeto, sino una persona especial, alguien que no merecía el daño que él quería causarle.

Dostoyevsky no utiliza esto para hacer que los personajes se enamoren como quizás te imaginarás. La mujer en cuestión jamás, JAMÁS, llega sentir otra cosa que repulsión por este hombre. En realidad, el elemento existe para darle un arco a él, para explorar la idea de que un monstruo quizás también alberga algo de humanidad, una idea increíblemente poderosa en el contexto de la historia.

La lujuria de Svidrigailov eventualmente lo destruye precisamente porque al final es capaz de ver el verdadero daño de sus actos. Su caída termina siendo, hasta cierto punto, su redención.

La forma en la que está construido este personaje es tan compleja y llena de matices que es obvio que aquí no le pude hacer justicia en lo más mínimo, pero espero que esto sea una demostración de lo complicado que es introducir este elemento en un personaje para luego intentar redimirlo.

¿Cómo utilizarla en una historia?

Ahora que ya hablamos a fondo sobre este tema, deja que te dé algunos tips que vale la pena tener en mente a la hora de manejar la lujuria como elemento narrativo.

¡No te los pierdas!

Desarrolla muy bien al personaje que la sufre

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La lujuria se vuelve cliché y aburrida cuando no toma en cuenta las características particulares del personaje. Dicho de otra forma, el hecho de que un personaje se obsesione de esta forma con otro no es tan interesante como la RAZÓN que le hizo obsesionarse para empezar.

¿Acaso le atrae lo prohibido? ¿Lo exótico? ¿Lo frágil? Estas características pueden darle un montón de profundidad al personaje a la vez que permiten que la lujuria forme parte de su arco.

Por ejemplo, el hecho de que Frolo sienta estas cosas por Esmeralda, una gitana, es particularmente interesante. ¿Por qué? Bueno, porque el personaje argumenta constantemente que los gitanos son “impuros”, una peste, así que, ¿no es una incongruencia que quiera relacionarse íntimamente con una mujer de ese grupo?

Seguro sabes que no es incongruente, pero quizás no sabes explicar por qué. Me expreso así no para que te sientas mal, sino para que veas lo increíblemente complejo que es este personaje.

No hay incongruencia y lo sabes de forma intuitiva, justamente porque eres perfectamente capaz de identificar que el personaje no persigue a los gitanos porque realmente crea que son impuros, sino porque es una forma de ejercer poder.

Todo ese cuento sobre salvar París y hacer una mejor comunidad, es solo una fachada que utiliza para disfrazar su crueldad y ambición con altruismo. Por lo tanto, que se invente excusas para ir tras Esmeralda y apoderarse de ella, que además de hermosa se resiste a someterse a su poder, tiene perfecto sentido; es perfectamente congruente con el personaje.

Como ves, la lujuria aquí no se incluye solo porque sí en la trama, sino que se vuelve casi un elemento obligatorio para continuar el desarrollo del personaje que la sufre. Esta siempre tiene que ser tu prioridad al considerar incluir este elemento narrativo (o cualquier otro) en la construcción de personaje.

Asegúrate que tenga consecuencias negativas

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Si quieres que la lujuria tenga profundidad, nunca debes olvidar su rol como falla de personaje.

Si leíste mi artículo sobre la estructura narrativa según John Truby, seguramente sabes que una falla de personaje bien construida debe amenazar con destruir al individuo si este no es capaz de resolverla.

La lujuria no es algo tierno, ni tampoco es algo inofensivo, y tu historia debe ser capaz de reflejarlo.

Es algo así como cuando Jaime Lannister sufre por su obsesión con Cersei, o cuando Guts termina alejando a Casca por culpa de sus impulsos.

Por supuesto, aquí también se incluye la idea de que explores a la víctima de la lujuria, justamente porque ella es la que sufre de forma directa las consecuencias de este comportamiento y lo expone por lo que realmente es.

Antes mencioné a Jaime, pero hay que destacar que Cersei también sufre por la actitud de este en distintos puntos de la historia, a pesar de que, en principio, ambos persiguen el mismo objetivo.

Lo interesante aquí es que ni siquiera dos personajes que sienten lujuria entre ellos pueden realmente tener una relación saludable porque al final del día la lujuria NO ES AMOR.

¡No lo olvides!

Dale al personaje un arco

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A lo largo de la historia, el personaje debe enfrentarse contra su lujuria y, finalmente, decidir qué hacer con ella una vez que tiene la oportunidad de cumplir su deseo.

¿Se echará para atrás como Svidrigailov o caerá más en el abismo como Frolo? Al final del día, la respuesta solo la puede dar un arco de personaje bien construido, y por eso es tan importante que te des la tarea de trabajar con cuidado dicho arco.

No uses la lujuria como un simple vehículo narrativo para darle motivaciones al personaje, sino que permite que este explore lo que satisfacer su deseo realmente conlleva y decida qué hacer al respecto.

¡Créeme que así crearás algo inolvidable!

¡Y con eso llegamos al final! Espero que te haya servido este artículo. Si te gustó, seguramente disfrutarás este otro sobre el sufrimiento como elemento narrativo. ¡No te lo pierdas!

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