La religión como rasgo de personaje: ¿cómo trabajarlo?

Hace 500 años, la religión ocupaba un lugar mucho más central en nuestra sociedad, un rol que muchas veces se deformó en dogmatismo irreverente que constantemente censuraba y repudiaba ideas ajenas a la realidad religiosa.

Esto dejó (entre otras cosas) un hueco narrativo inmenso por explorar, especialmente relacionado con los efectos negativos de la religión que son imposibles de ignorar; lo que nos llevó de un extremo a otro, de uno donde todo se censuraba a uno en el que se atiza sin parar a la fe.

En la era moderna, la religión como elemento narrativo pasó de ser un cliché de virtud a un cliché de hipocresía y corrupción, ambas visiones estando incompletas y ofreciendo una perspectiva superficial del elemento.

Por supuesto, no estoy pretendiendo que no existen obras increíbles que han explorado esto de manera espectacular (Los Miserables y El Conde de Montecristo, por dar dos ejemplos), pero esto no es para nada el común denominador.

Lo normal es que el autor religioso magnifique los aspectos positivos de su creencia y que el autor ateo ridiculice y antagonice a los seguidores de la religión.

Si te interesa introducir de manera poderosa e interesante la religión como rasgo de personaje y, por ende, como elemento narrativo en tu historia, entonces no debes caer en ninguna de esas dos trampas.

¡Sigue leyendo y descubre más al respecto!

¿Por qué manejarías un personaje religioso en tu historia?

La religión es uno de los temas más controversiales y complejos de la existencia humana, ya que, por inercia, hace preguntas trascendentales y prácticamente imposibles de responder con completa objetividad.

¿Cuál es la forma correcta de comportarnos en el mundo? ¿Tenemos un propósito en la vida? ¿Hay algo después de la muerte? ¿Existe tal cosa como el bien y el mal? ¿Es necesario creer en algo para poder sostenernos como seres humanos?

Si alguna vez te has hecho estas preguntas, sin importar cuál haya sido tu resolución, lo cierto es que te has aventurado en el mundo de la religión, quizá sin mucha profundidad (o con mucha), pero lo has hecho.

Entonces, introducir este elemento te puede ayudar a explorar al menos una de esas dudas existenciales en tu obra. ¡Ahí es donde yace la fuerza de este elemento y la razón por la cual vale la pena meterlo en tu obra!

¿Por qué tantas historias lo hacen de manera superficial?

Como te podrás imaginar, la religión es uno de esos temas que invocan opiniones muy fuertes y tajantes en el individuo, y esto invita a que, en lugar de convertirse en un elemento narrativo real e interesante, se convierta en un artefacto propagandístico de una ideología en particular.

Esto es malo para tu historia independientemente de tus creencias personales porque reduces los componentes narrativos a sermones en lugar de símbolos poderosos e inteligentes.

La religión se incluye de forma superficial muchas veces porque los autores o no la conocen (ni les interesa conocerla, o solo conocen esa forma de ver el mundo (y no les interesan las demás). Esto hace que su narrativa sea cerrada y miope, y que la trama, personajes y temática sufra por eso.

¿Cómo construirlo correctamente?

Si todavía en este punto te quedan dudas de cómo manejar la religión en tu historia, deja que te comparta algunos tips más directos que te ayudarán. ¡No te los pierdas!

Lo importante de su religión son los conflictos que le genera al personaje

Independientemente de lo “fervoroso” que sea tu personaje, no caigas en la trampa de creer que su religión debe reducirse a una especie de herramienta que motiva sus acciones. Esa es la forma más superficial en que este rasgo puede beneficiar a tu personaje.

En realidad, la fuerza de la religión como rasgo de personaje se aprovecha mejor cuando exploras los conflictos internos que su creencia le genera.

Por ejemplo, lo interesante de Javert no es que su sentido de justicia y dogmatismo religioso lo empujen a perseguir a Jean Valjean sin clemencia, sino que, al toparse con la verdad, su perspectiva moral le conlleva al suicidio, ya que se vuelve incapaz de aceptar la incoherencia con la que ha vivido toda su vida.

Lo interesante de Jean Valjean no es que su conversión le impulse a convertirse en un hombre bueno, sino la lucha terrible que vive entre hacer lo correcto, aunque conlleve sufrimiento, y obrar el mal, aunque le pueda traer beneficios a su vida.

De la misma forma, lo interesante de Edward Elric no es que su ateísmo le haga creer en extremo en su ciencia y su propia voluntad, sino como su creencia choca con los elementos más complejos y subjetivos de la moralidad humana, y la inherente sensación de que hay algo trascendental y metafísico en el mundo en el que vive.

Puedes ignorar este tipo de conflictos, pero lo cierto es que entonces la pregunta es: ¿por qué siquiera incluir el elemento religioso en el personaje? No tendrá valor narrativo y tu obra solo se verá más superficial.

Evalúa los aspectos negativos y positivos de su creencia

Con mucha frecuencia las historias modernas colocan a los personajes religiosos como acólitos fanáticos e insoportables que se prestan con demasiada facilidad a decirle a todo el mundo cómo deben vivir y recordarles que ellos, y solo ellos, son buenos y justos, sin importar los actos corruptos que cometen sin la menor vergüenza.

Aunque es cierto que existen esta clase de personas en el contexto religioso (y en muchos otros), no es real ni honesto pretender que todos son así.

Lo mismo sucede de forma inversa, pero menciono este ejemplo porque es el que veo más seguido en las películas que suelta Hollywood y muchos de los libros modernos que se publican.

Si piensas manejar este elemento con profundidad narrativa en tu historia, no te olvides de los fanáticos religiosos, pero tampoco de los que santos que siguen su fe, ni de los laicos de piso que no siempre hacen lo correcto, pero lo intentan.

Mejor dicho, no definas la alineación moral de tus personajes dependiendo si son religiosos o no. Tómalos como humanos que tienen un compás moral particular, basado en su personalidad única y backstory.

Dale aspectos positivos a su religión y también muestra los negativos, dejando que la audiencia decida por su cuenta qué pensar sobre el personaje y su fe.

No hagas que sea su única característica

Cabe destacar que, así como la orientación sexual y el género de un personaje no son lo único que los define, tampoco lo es la religión.

Esta es solo una parte de toda la complejidad de su carácter, o por lo menos así debe mostrarlo tu historia. Si te limitas a colocar la religión como su única característica, entonces no estarás creando personajes reales, sino títeres narrativos para mover tu trama e impulsar tus opiniones personales.

¡Evita esto a toda costa!

¡Y con esto acabamos! Espero que este tema te haya resultado interesante y tengas una perspectiva nueva y fresca sobre la religión en las historias.

Si tienes alguna opinión o duda al respecto, ¡asegúrate de participar en la sección de comentarios!

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