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Error narrativo: definición, características y ejemplos

error narrativo mujer frustrada

Error narrativo: definición y ejemplos

Si eres un escritor novato, lo más probable es que la frase “error narrativo” haga que un escalofrío te recorra la espalda, ya sea porque no sabes ni siquiera cómo identificarlos o porque sabes que tu historia tiene varios que no sabes resolver.

En este artículo vamos a hablar a fondo sobre los errores narrativos, y también te voy a compartir algunos de los más comunes y darte tips sobre cómo resolverlos.

Si te interesa, ¡sigue leyendo!

¿Qué es un error narrativo?

Los errores narrativos son debilidades en la construcción de uno o varios elementos de una historia. Desde la construcción de la trama hasta el desarrollo de la temática, todo tiene el potencial de tener uno o varios errores narrativos, y depende del talento y trabajo del escritor atacarlos y resolverlos.

Los errores narrativos disminuyen la calidad narrativa del relato y pueden arruinar por completo la experiencia de la audiencia, pero el principal problema surge cuando evitan que la obra sea capaz de profundizar de forma honesta sus ideas y conceptos más interesantes.

Es por esto que una buena parte del trabajo de un escritor se va en la revisión de su escrito y no tanto en la producción. ¡Encontrar y solucionar los errores narrativos es crucial para que la obra alcance su máximo potencial!

¿Debemos tenerles miedo?

Ahora, como mencioné antes, los errores narrativos son algo que asusta muchísimo a los escritores novatos, lo cual también puede ser algo negativo porque hace que se obsesionen con encontrar dichos errores y pierdan toda la confianza en su obra y su talento.

Para empezar, hay que entender que existen distintos niveles de errores narrativos. Aunque es cierto que algunos tienen el potencial de arruinar por completo tu obra, también hay muchos que no son más que un simple “pero” que no afecta en demasía el producto final.

Tan es así que existen muchas historias clásicas que contienen errores llamativos en la trama, pero aún así son grandes historias.

El punto aquí es que no tienes que temerles a los errores narrativos, sino respetarlos. Los debes buscar y solucionar en la medida de lo posible, pero también debes entender que tu obra no será perfecta jamás ni tampoco tiene que serlo.

5 ejemplos de errores narrativos

Para bien o para mal, lo cierto es que existen cientos de errores narrativos porque las idiosincrasias particulares de cada historia hacen que lo que quizás funciona en una no funcionará en otra.

Tal vez en una película está bien que el protagonista muera al final, pero en otra ese mismo desenlace rompe la temática. Hay muchos factores que pueden producir este efecto y es por eso que no te puedo dar una lista definitiva de errores narrativos.

Lo que sí puedo hacer es compartirte los cinco más comunes, explicarte por qué son un error narrativo y darte tips para evitarlo.

¡Empecemos de una vez!

1. Deus/Diabolus Ex Machina

Este es probablemente el error narrativo con mayor renombre en la industria y eso se debe en parte a dos razones: es muy dañino para la historia y, además, es bastante fácil de identificar.

El Deus Ex Machina es un error narrativo que ocurre cuando un conflicto muy importante para la historia se resuelve por medio de un elemento poco o nada establecido.

El Diabolus Ex Machina es el mismo concepto excepto que el elemento invasor no soluciona el problema, sino que le roba la victoria al protagonista o simplemente empeora las cosas.

Guerra de los Mundos tiene un Deus Ex Machina cuando la invasión extraterrestre acaba de la nada porque resulta que el oxígeno de la tierra mata a los aliens y Gilgamesh tiene un Diabolus Ex Machina cuando el secreto de la eterna juventud es robado por una serpiente mientras el héroe se da un baño.

¿Por qué es un error narrativo?

El Deus y el Diabolus Ex Machina son errores narrativos por varias razones, pero las más importantes son:

  • Les roban a los personajes la oportunidad de concluir sus arcos: debido a que un evento aleatorio soluciona la trama, los personajes no son capaces de demostrar lo que aprendieron y sus arcos de personaje se quedan a medias.
  • Rompen la experiencia de la audiencia: como el elemento sale de la nada, la audiencia lo percibe como algo invasivo y su suspensión de la incredulidad se arruina, disminuyendo drásticamente la calidad de su experiencia.
  • Son conveniencias narrativas: el Deus y el Diabolus Ex Machina, al final del día, es una conveniencia narrativa que fácilmente puede relacionarse con el “lazy writing”. Hace que la historia disminuya su calidad narrativa y la trama pierda parte de su lógica.

Un error que cometen los escritores es pensar que, como en la vida real hay problemas que se “solucionan solos”, entonces está bien representar eso en una historia. Lo cierto es que las historias NO SON LA VIDA REAL, sino que están tratando de emular los aspectos más intrigantes de la misma.

En una historia, los elementos deben tener un propósito y una razón de ser, y los conflictos deben tener relevancia temática. Sin esto, estás mejor leyendo las noticias de un periódico.

¿Cómo evitarlo?

La mejor forma de evitar el Deus y el Diabolus Ex Machina es relacionando el desenlace del conflicto central con las acciones de tu protagonista o protagonistas, y no con un tercero con poca aparición y relevancia en la historia.

Ahora, si por las características particulares de tu obra te vez en la obligación de introducir a un tercero que solucione el problema, entonces lo que debes hacer es construirlo, darle escenas en donde la audiencia pueda conocerlo o que por lo menos sirvan como set up para la conclusión de la obra.

Por ejemplo, en la película Corazón de Caballero, una historia bastante campy y sencilla, la salvación del personaje llega gracias a que, casualmente, el príncipe de la nación aparece en el momento justo para rescatarlo.

Esto podría ser un Deus Ex Machina, excepto por el hecho de que la historia estableció a este príncipe con anterioridad. Previamente, el protagonista, Will, se había topado con este príncipe en una competición, aunque no sabía que se trataba de alguien tan importante.

El príncipe estaba lastimado y le pidió a Will que le permitera acabar con honor el torneo y que no lo atacara. Will accede y el príncipe queda eternamente agradecido, especialmente porque reconoce que el protagonista actuó de buena fe, no porque supiera que estaba lidiando con el próximo rey de Inglaterra.

Los personajes llegan a interactuar de nuevo, pero la realidad es que el príncipe es un sujeto bastante secundario que tiene muy poca relevancia en la trama en sí. Sin embargo, los escritores hicieron lo suficiente para que su aparición en el momento crítico de la obra se sintiera orgánica y natural.

¡Esa es una buena forma de evitar tanto el Deus como el Diabolus Ex Machina!

2. Proyectarse en los personajes

La mayoría de los escritores empezamos nuestras obras porque queremos vivir una de esas maravillosas fantasías que hemos experimentado al leer los libros que marcaron nuestra infancia.

¿Quién no leyó Harry Potter y se durmió soñando con lo que sería estudiar en Hogwarts? ¿Quién no leyó El Conde de Montecristo y se imaginó poseyendo un tesoro incalculable?

Es natural que los autores sientan una inclinación a la aventura que crean sus mismas letras, y por eso no es raro que se proyecten en los personajes con el propósito de pretender que, efectivamente, están viviendo esas aventuras.

Eso es básicamente lo que significa “proyectarse en los personajes”. Es la mala práctica de utilizar a los personajes como avatars para introducir al autor en la obra.

¿Por qué es un error narrativo?

Esto es un error narrativo por el simple hecho de que los personajes no son tú, incluso si les diste la misma backstory de tu vida y haces todo lo posible para compartir con honestidad las fallas que tú mismo tienes como persona.

Lo cierto es que incluso si haces todo lo posible para que sean copias de ti mismo, en el momento en el que la historia se separe de la realidad, ya el personaje será alguien distinto, y es importante respetar esas diferencias para que su agencia en la obra no se vea negativamente afectada.

Además de todo esto, la proyección en los personajes tiende a invitar al autor a idealizar al personaje en el que se proyecta, cegándose ante sus fallas y enalteciendo sus virtudes, rápidamente convirtiéndolo en un personaje mal construido y plano.

¿Cómo evitarlo?

La proyección se evita cuando te propones observar a tus personajes como lo que son: seres ajenos a ti con sus propias motivaciones, deseos y fallas.

No pienses en “lo que harías tú en esa situación”, sino en lo que haría él o ella. Tú no estás en la historia, sino fuera de ella, y esa perspectiva no es mala, sino todo lo contrario.

¡Es la que te permitirá darle a tu obra justo lo que necesita para ser una gran narrativa!

3. Decirle a la audiencia qué pensar

Hay pocas cosas que me frustren más que escuchar a los activistas modernos decir que el propósito de una historia debe ser “educar a la audiencia” o hacer que “la gente tome consciencia de un problema”.

Sin importar qué tan profundo creas que eres, lo cierto es que no sabes lo suficiente sobre la existencia humana para darle respuestas definitivas a nadie, y mucho menos a tu audiencia.

Lo interesante es que, de todas formas, esta no tiene que ser tu meta; es algo mucho más atractivo y poderoso. Lo que una historia debe hacer es presentarle a la audiencia perspectivas e ideas y permitirle sacar sus propias conclusiones.

Ignorar esto es un grave error narrativo que puede disminuir drásticamente el poder de tu historia.

¿Por qué es un error narrativo?

¿Alguna vez te has preguntado cuál es la diferencia entre una historia y la simple propaganda ideológica? Bueno, la diferencia es que una te ayuda a explorar ideas y perspectivas, mientras que la otra te dice exactamente qué pensar.

Si tu propósito es lavarle el cerebro a la gente, entonces claro que te conviene construir propaganda, pero si lo que quieres es crear una historia que le deje algo especial y útil a tu audiencia, entonces debes ser más honesto en tu construcción.

No se trata de decirle a tus lectores qué pensar, sino en qué pensar. ¡No lo olvides!

¿Cómo evitarlo?

Este error narrativo se evita construyendo con cuidado ambos lados del conflicto y tratando de fortalecer lo más posible sus argumentos personales.

Olvídate de crear personajes “buenos y malos”, sino que enfócate en crear PERSONAS, individuos que toman decisiones basadas en sus experiencias de vida, estado emocional y filosofía personal.

Tus personajes no son vehículos para que compartas tus opiniones ideológicas, sino herramientas narrativas para hacer preguntas a las que ni siquiera tú conoces la respuesta.

Eso es lo que hace que las mejores historias sean capaces de dejarte una marca de por vida y que, sin importar cuántas veces las leas, siempre puedas extraer algo nuevo.

4. Tener un personaje más interesante que el protagonista

Nunca debes subestimar o dar por sentado a tu protagonista. Lo cierto es que este es el personaje más importante del relato. ¡Por algo se le dice “personaje principal”!

Eso se traduce en que también debe ser el más interesante, con el conflicto más complejo y la mayor incidencia en la trama.

Si no te tomas esto a pecho, tendrás bastantes problemas.

¿Por qué es un error narrativo?

El protagonista es el núcleo de la historia, es el que le da sentido al conflicto central del que se desprenden a su vez la trama, las subtramas y la temática de la obra.

Permitir que este personaje sea plano y aburrido literalmente destrozará todos los elementos de tu historia porque cada uno es, de cierta forma, dependiente del protagonista.

¿Cómo evitarlo?

Construyendo un protagonista con fallas, motivaciones, deseos y virtudes que realmente le permitan interactuar con la historia de una manera mucho más significativa que el resto de los personajes.

Claro que es bueno construir buenos personajes secundarios, pero si estos están ganándole terreno a tu protagonista, entonces debes reforzar la construcción de este último.

A su vez, procura que tu protagonista esté, aunque sea un poco, relacionado con todos los conflictos que abarca tu historia. Si quieres aprender más sobre cómo lograr esto, te recomiendo que leas mi artículo sobre Jean Valjean, uno de los mejores protagonistas jamás creados.

5. Crear un protagonista sin fallas (Mary Sue/Gary Stu)

Los personajes necesitan fallas para crecer, es así de simple. Crear un protagonista que no tiene fallas no solo es lo mismo a crear a un individuo sin humanidad, sino que remueve toda posibilidad de desarrollo de personaje a lo largo de la obra.

A los protagonistas que tienen esta característica se les llama Mary Sue (cuando son mujeres) o Gary Stu (cuando son hombres) y los debes evitar a toda costa.

¿Por qué es un error narrativo?

Como mencioné antes, los protagonistas sin fallas no pueden crecer porque no tienen una necesidad; no tienen algo que deben solucionar o de lo contrario su vida se arruinará.

Esto evita que tengan un arco de personaje en la historia y que, por ende, sean planos y aburridos. ¡Seguro que ya con eso te quedó claro por qué esto es un error narrativo terrible!

¿Cómo evitarlo?

Bueno, dándole fallas y haciendo que estas tengan relevancia en la trama. Básicamente, dale a tu protagonista un arco de personaje que le obligue a lidiar con esa terrible falla que tiene.

Si es alguien avaro, entonces que la historia lo empuje a tratar con ese vicio.

Si es alguien cobarde, entonces oblígalo a que tenga que enfrentar sus miedos.

Si es alguien arrogante, dale una dosis de realidad.

La cuestión es que las luchas de tu personaje lo humanizan y permiten que la audiencia conecte con él. Al final del día, ninguno de nosotros es perfecto y cada uno lo sabe. Ver a alguien que lo es, no nos llama la atención en lo absoluto.

¡Y con eso llegamos al final! Si te gustó este contenido y quieres leer otros parecidos, ¡no olvides suscribirte al newsletter del blog!

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