La exposición narrativa: todo lo que necesitas saber

Hablemos sobre un tema que es muy común escuchar de los críticos de cine una y otra vez: la exposición narrativa. Si bien es cierto que a la hora de hacer películas hay reglas mucho más estrictas con este concepto, sería un error arrojar esta herramienta por la ventana solo porque tu profesor de guión te lo dijo.

Esto es especialmente cierto si, en lugar de ser un escritor que busca una carrera en la televisión o el cine, quieres ser un autor de literatura.

La cuestión es que la exposición es una herramienta narrativa como cualquier otra, y lo más importante es entenderla bien para saber cuándo usarla y cuándo no.

Si te interesa aprender más sobre el tema, ¡sigue leyendo!

¿Qué es?

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Por supuesto, antes de continuar con el artículo, creo que es importante que definamos lo que califica como “exposición” en el ámbito narrativo.

Pues, la exposición se refiere a piezas de texto, ya sea en diálogo de personajes o desde el punto de vista de un narrador, que contienen información necesaria para asentar las bases de la trama.

Esto es algo mucho más común de lo que pensarías, hasta el punto que varios clásicos empiezan con esta herramienta (como El Señor de los Anillos y Los Miserables). De hecho, esto es una técnica común en la construcción de mundos fantásticos, puesto que es importantísimo que ciertos elementos queden claros para que la audiencia pueda meterse de lleno en el universo que está presenciando.

El problema está en que, muchas veces, los escritores cometen el error de hacer que la exposición sea directa y aburrida, hacerla una especie de clase o monólogo en lugar de hacerla dinámica y entretenida.

Es malo abusar de la exposición narrativa, y la mejor forma de evitarlo es entendiendo cuáles son los momentos en los que resulta oportuno usarla. ¡Deja que te los comparta!

Usos positivos de la exposición narrativa

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Hablemos un poco de las ventajas que te puede dar utilizar esta herramienta en tu historia.

Aclara puntos clave de la trama

Especialmente en historias complejas, con tramas rebuscadas y mundos vastos, lleno de instituciones de poder e idiosincrasias particulares, la exposición resulta genial para evitar que el lector se pierda.

Por ejemplo, cuando una serie como Star Trek explica a detalle el funcionamiento de un dispositivo tecnológico o la historia detrás de un conflicto intergaláctico, nos ayuda a entender la magnitud del problema que tienen que enfrentar los personajes, así como darle realismo al mundo.

Eso nos permite quedarnos inmersos en la historia y sentir en carne propia con más facilidad lo que experimentan los protagonistas y personajes secundarios.

Dicho esto, el chiste es dar esa exposición de una forma dinámica y que no sobrecargue al lector/espectador. La mejor forma de hacerlo es no soltando toda la información de un golpe, sino solo compartir lo que es realmente relevante para ese punto de la historia.

También, una buena técnica es hacerlo por medio de diálogos y darles reacciones interesantes a los personajes al toparse con estos descubrimientos.

Ayuda a establecer las reglas del mundo

Por supuesto, otro beneficio genial de la exposición narrativa es que nos dice exactamente cómo funciona el mundo.

Como mencioné anteriormente, esto es extremadamente útil en historias que contienen elementos fantásticos, puesto que la construcción del sistema mágico es prácticamente imposible si no hay algo de exposición.

Por ejemplo, en una historia como Death Note, cada vez que se nos explican las reglas para utilizar el cuaderno, se nos está sometiendo a exposición narrativa, pero esa no resulta molesta ni cansina por dos razones:

  1. La audiencia agradece la explicación porque, en ese momento, lo más relevante de la trama es el funcionamiento del cuaderno.
  2. Nos ayuda a darle forma a la premisa y trama de la historia.

En pocas palabras, la exposición es útil porque está cumpliendo un objetivo narrativo, no está puesta solo porque sí.

Ayuda a construir lore/background

Es indiscutible que una historia siempre tendrá lugar en un mundo donde hay cosas que sucedieron antes, y es labor del escritor transmitir los eventos pasados que tienen repercusiones en la trama central.

Si bien es cierto que una buena parte de esta información se puede explicar sin necesidad de exposición (como hace la escena introductoria de Up, por ejemplo), también es cierto que una historia muy compleja, muchas veces, no puede evitarlo.

Es decir, es por algo que una de las mejores trilogías de todos los tiempos, El Señor de los Anillos, empieza con una narración expositiva que, si bien está acompañada de imágenes geniales y música espectacular, no deja de ser información pura para establecer las bases de la historia.

Pero, si le quitas esa escena a la película, perdería muchísimo, y la audiencia tardaría muchísimo en meterse de lleno en la historia por el simple hecho de que no tiene una buena idea de la clase de conflicto que se presenta frente a sus ojos.

Por supuesto, esto también aplica cuando hablamos del pasado de un personaje, como en el caso de Jack Reacher o Jack Sparrow, donde la exposición nos ayuda a mostrar otro lado del personaje y cambiar la perspectiva de la audiencia.

Lo malo de la exposición en exceso

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Ahora, hablemos de la parte mala de la exposición narrativa, lo que sucede cuando decides abusar de su uso para simplificarte la existencia.

Mata la emoción

El principal problema de la exposición es que tiende a asesinar toda la emoción que un momento o revelación puede tener. Un ejemplo que siempre le doy a los escritores que analizo en Wattpad, es este:

No es lo mismo que yo te cuente que ayer se murió mi abuelita frente mí, a que tú estuvieras a mi lado y vieras mi rostro desesperado y triste mientras sucedía.

Lo primero te hará sentir empatía; lo segundo jamás se te olvidará mientras vivas.

Esa es la diferencia entre contarle a un lector/espectador momentos clave de la trama y mostrárselos.

El peor error que podrías cometer es colocar momentos importantes de la historia de forma expositiva (la muerte de un personaje, el desarrollo de una misión difícil, el rescate de una víctima, un aprendizaje clave para el protagonista, etcétera). La exposición debe ayudarte a esclarecer partes de la trama, no un vehículo para saltarte escenas difíciles de escribir.

Alenta la lectura

El otro problema es que la exposición, muchas veces, es poco interesante porque tiende a quitar la urgencia de la historia. Después de todo, la exposición narrativa muchas veces actúa como el sujeto que te da las instrucciones antes de que te avientes por un tobogán de agua y no te deja tirarte hasta que sigas todo a la perfección; tú te quedas así como que “Ya pues, déjame lanzarme, qué fastidioso eres”.

No es que lo que diga esta persona no tenga valor, simplemente tú estás en otro plan, en otra velocidad. La exposición solo debe llegar cuando es estrictamente necesario y relevante, nada más.

Rompe la inmersión

El otro problema que tiene la exposición narrativa es que, mientras más la uses, más difícil será para tu lector meterse de lleno en tu obra.

Esto es por una razón muy sencilla: como la exposición frena el avance de la trama, es muy fácil que la gente se aburra y sienta que la historia no va para ningún lado.

Una persona que tiene esa sensación, jamás se sentirá inmersa en la obra y terminará por abandonarla. Además, los personajes se sentirán robóticos y sin personalidad, como que solo existen para regurgitar información fastidiosa y carecen de todo tipo de carisma.

Formas de colocar exposición

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Sé cómo hacerlo

Ahora, hablemos de los métodos para colocar la exposición narrativa. Cada uno tiene sus usos particulares, por lo que piensa bien cuál te conviene más dependiendo de la escena específica que quieres desarrollar.

Texto expositivo (exposición directa)

Esta es la forma más básica de exposición narrativa. Esta llega cuando el narrador se dedica exclusivamente a contarte información importante. Esto es súper común, especialmente al inicio de novelas, dado que estas suelen empezar con una descripción del contexto, los personajes, sus ocupaciones, etcétera.

Esta técnica es muy buena para dejar cosas claras, pero también es la que menos emoción transmite.

Una buena forma de darle la vuelta a este problema, es usar un narrador en primera persona que pueda darle personalidad e idiosincrasia a la información. Esto es algo que Lovecraft y Edgar Allan Poe hacen muy bien en sus relatos, ya que se aprovechan de las reacciones del personaje para transmitir emociones y evitar que la exposición se quede plana.

Diálogo expositivo (exposición disfrazada)

La exposición disfrazada, o diálogo expositivo, es, como te podrás imaginar, cuando un personaje le cuenta a otro información importante sobre la trama.

Esta técnica es particularmente útil para historias con narrador omnisciente que no pueden darle sabor al texto expositivo. Además, ayuda mucho a la construcción de personajes, porque la información revelada puede hacer que cambien su meta y se replanteen ideas que consideraban inmóviles.

La otra ventaja es que ayuda a que la audiencia se identifique con el personaje porque, de manera inconsciente, está descubriendo junto a él o ella las particularidades del mundo en el que habita.

Por ejemplo, en Star Wars, cuando Obi-Wan le cuenta a Luke sobre la fuerza y su funcionamiento, nos ayuda a nosotros a entender el contexto, pero también marca el inicio del arco del protagonista y marca una meta clara: convertirse en un Jedi.

Por supuesto, el problema de esta técnica es que fácilmente puede hacer que los diálogos se vuelvan planos y aburridos. Por eso, es muy importante asegurarse que los personajes tengan una voz única y que se expresen como ellos lo harían.

¡No cometas el error de crear un personaje cuyo único propósito es soltar información!

Texto implícito (exposición indirecta)

Ahora, esta es la forma más aceptada de exposición, y con muy buena razón. El texto implícito sucede cuando el autor nos revela cosas de la historia sin decirlo tajantemente.

Por ejemplo, cuando en lugar de decirnos algo como “Juan era el rey” nos dicen “Juan se sentó en su trono”, la historia está haciendo uso del texto implícito para transmitirnos información clave de la trama.

Esto es mucho más fácil de hacer de lo que parece, pero tiene la desventaja de que, muchas veces, deja dudas en el lector/espectador.

Si nos vamos al mismo ejemplo que coloqué antes, con el segundo enunciado también podrías suponer que Juan es un emperador o un zar, puesto que el trono solamente hace alusión a una especie de monarca, no es algo específico de un rey.

Si bien es cierto que muchas de estas cosas se pueden ir clarificando a medida que avanza la historia, es posible que haya elementos tan complejos en tu historia que, si no los explicas directamente, jamás serán comprendidos en su totalidad.

Esto puede afectar negativamente a tu historia si estos elementos son importantes para la trama, por lo que esta es una técnica que debe ser usada con mucho cuidado.

¡Y listo! Ya con esto sabes todo lo que necesitas saber sobre la exposición.

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