Shock value: ¿qué es y por qué importa?

Curiosamente, algunas de las historias menos profundas que hay por ahí son precisamente aquellas que creen que lo son, ya sea porque manejan temáticas tabú o porque “no les da miedo” poner escenas polémicas y fuertes.

Lo cierto es que ninguna de esas dos condiciones es señal de que estás lidiando con una historia sofisticada y profunda. Al contrario, muchas veces es justo esa búsqueda incansable por el shock value lo que termina es disminuyendo el impacto de una historia y reduciendo a sus personajes a “medios para un fin”.

Si quieres aprender más sobre este elemento narrativo y cómo utilizarlo correctamente, ¡no pares de leer!

¿Qué es el shock value?

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El shock value en el contexto narrativo es el potencial que tiene una imagen, texto, escena o punto de la trama para crear fuertes emociones negativas en la audiencia, ya sea asco, enojo, miedo o cualquier otra sensación que resulte desagradable.

Son esas escenas que exponen el peor lado de los personajes y, por ende, el del ser humano, obligándonos a enfocarnos en los aspectos negativos de la vida.

¿Te conviene incluirlo?

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Lamentablemente, muchos escritores confunden “horrorizar a su audiencia” con “profundidad narrativa”, y es por eso que este concepto suele usarse como crítica, alegando que la historia en cuestión no es más que puro shock value arrojado a diestra y siniestra.

Sin embargo, a pesar de lo que creen algunos, el shock value no es algo que un escritor deba vetar de entrada, porque lo cierto es que sí puede tener un valor narrativo inmenso y ayudar a fortalecer el impacto de la temática de la historia.

Algunas de las mejores historias que la humanidad a creado están plagadas de situaciones desgarradoras que no están diseñadas para los débiles de estómago. Novelas como Crimen y Castigo, Los Miserables, El Conde de Montecristo, etcétera, no serían lo que son sin esas fuertes escenas.

La ventaja del shock value es que, cuando está bien construido, pone en perspectiva las verdaderas consecuencias que un acto atroz o una equivocación puede ocasionar en una persona. Dicho de otra forma, este elemento se utiliza para explorar lo que significa realmente vivir un infierno en la tierra.

El nivel de desesperación al que se puede llegar en este mundo, prácticamente no tiene fondo y el hecho de que nosotros somos los primeros que aumentan ese sufrimiento solo hace el contexto más trágico y triste.

Si quieres una historia que explore esa idea, entonces incluir escenas fuertes puede ser una buena idea.

¿Cómo aportar shock value sin perder profundidad?

Ahora, quiero que quede claro que no te estoy invitando a que traumes a tu audiencia. Lo cierto es que la gran mayoría de las historias no necesitan introducir mucho shock value para impactar y tener fuerza.

Clásicos como El Señor de los Anillos, El Viejo y el Mar y Un Cuento antes de Navidad son lo que son precisamente porque saben lo que quieren y no se pasan de la raya solo para producir una emoción momentánea en la audiencia.

El punto es que sepas utilizar este elemento en su justa medida. A veces eso significará que debes poner muy poco y otras veces hará que coloques una cantidad mayor.

Pero ¿cómo sé si lo estoy haciendo bien? Bueno, estos consejos te ayudarán a agregar shock value sin que la profundidad se pierda. ¡No te los pierdas!

Muestra el otro lado de la moneda

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Hace poco vi la película The Devil All The Time que está disponible en Netflix. Desde el tráiler (y el nombre) se notaba que sería una película llena de escenas fuertes y personajes malvados, pero el elenco era prometedor y las temáticas que parecía querer manejar daban a creer que quizás habría algo más ahí.

Sin embargo, ese no fue el caso para nada. En realidad, la película no es más que una excusa para saltar de una escena negativamente impactante a otra con la misma intensidad, pero prácticamente nada de lo que sucede tiene verdadera relevancia narrativa.

Los personajes solamente se mueven en los extremos y parecen parodias de sí mismos, con muy poca idiosincrasia (o ninguna) y prácticamente nula credibilidad. No existe ningún esfuerzo por humanizarlos y poner en perspectiva sus motivaciones y vicios. Simplemente son malvados porque les gusta ser malvados.

Esa es una de las señales de que la historia en sí es shock value y poco más, porque se enfoca por completo en un lado de la moneda sin mostrar el otro, presentando una visión parcial y superficial de la temática que supuestamente explora.

Si realmente quieres que la oscuridad se sienta opresiva y terrorífica, debes mostrar la luz también y permitir que la audiencia vea la diferencia que hay entre una buena situación y una mala.

Sin eso, tu historia se vuelve plana y ninguna cantidad de shock value que incluyas será suficiente para darle profundidad.

Construye a los personajes que experimentarán la tragedia

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Como mencioné antes, la importancia del shock value es presentar con crudeza y sin censura las consecuencias que una acción cruel o un error en juicio puede producir en un personaje.

Es como lo que sucede en las primeras temporadas de Game of Thrones, donde vemos constantemente que aquellos personajes con un código de honor estricto son vastamente superados por los villanos de la historia, porque en ese mundo los buenos sufren las consecuencias de su moralidad.

De la misma forma, cuando un héroe habilidoso con la espada está rodeado de veinte oponentes, lo que ocurrirá es que los veinte sujetos lo masacrarán terriblemente, apenas dándole oportunidad para asestar un golpe.

Como audiencia eso nos impacta de entrada, porque queremos creer que el bueno siempre puede prevalecer y observar que no es así nos lleva de vuelta a la realidad, recordándonos que somos mucho más frágiles de lo que creemos.

Sin embargo, como seguro ya te diste cuenta, esa emoción que produce, en su sentido más inmediato, es completamente subjetiva; es decir, la audiencia la vive mirando hacia dentro, independientemente del contexto de la historia en el que ocurrió la escena.

La impactará sí o sí, pero hace falta un vínculo que amarre esa emoción con lo que el personaje está viviendo. Es por eso que muchas de las historias en las que ocurre esto te dejan una impresión inicial, y a la semana ya ni te acordarás de lo que viste.

Esto sucede principalmente por la mala construcción del personaje que experimentó la tragedia, lo cual incluye tanto lo que la audiencia conoce de él o ella como la forma en la que llegó a esa situación para empezar.

Si ambos elementos no están sincronizados y justificados en la historia, el shock value perderá toda profundidad y se convertirá en una emoción efímera.

Relaciónalo con la temática

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Por supuesto, está claro que si estamos buscando que un elemento tenga profundidad, es obligatorio que lo relacionemos con la temática de la narrativa.

Esto de hecho es crucial precisamente porque incluso si construyes bien a tu personaje, si el desenlace de su arco no aporta a la temática, entonces también perderá su valor.

Por ejemplo, supongamos que tu historia tiene a un protagonista que está tratando de redimirse por sus pecados, constantemente luchando contra lo peor de sí mismo y el odio que su pasado se esmera en traer de vuelta a su vida.

A lo largo de la historia, va superando sus vicios, se convierte en una mejor persona y empieza a elegir el bien antes que el mal con más frecuencia.

Entonces, al final de su arco, provocado por una acción terrible del villano, recae por completo en sus viejos hábitos y no solo asesina al antagonista, sino que acaba con sus aliados y somete al mundo a una nueva tiranía.

Por supuesto que eso sería impactante, pero haría que la temática fuera plana y superficial. ¿Por qué? Bueno, porque al inicio propusiste la pregunta “¿Puede un hombre malvado cambiar?”, pero, a pesar de que la historia demostró que sí, el desenlace dice simple y rotundamente “No”, sin permitir que la audiencia entre en un diálogo real con la narrativa.

Ese error nace por darle prioridad al shock value en lugar de pensar cómo este elemento se relacionará con la temática y la manera en que la afectará.

El shock value nunca debe tomar precedente ni tampoco puede considerarse un fin. Es un medio, un vehículo que te ayudará a explorar a fondo la narrativa de tu historia.

Deja que la audiencia respire después del momento impactante

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Otro de los problemas que surgen con películas como The Devil All the Time, Cuties o A Serbian Film es que, como el enfoque está en el shock value, todas las escenas se sienten iguales.

Eventualmente, la audiencia se acostumbra al ritmo narrativo plano de la historia y cada momento impactante, sin importar qué tan fuerte es, va disminuyendo su golpe emocional.

Claro, no es muy raro que estas historias se guarden lo peor para el final, pero el camino no deja de ser estático y aburrido.

Casi por definición, para que el shock value pueda tener un efecto notorio en la historia necesitas que haya una buena cantidad de espacio entre un horror y el siguiente, precisamente porque quieres que la audiencia saboree las consecuencias que causó.

Comparemos las películas anteriores con Berserk, una serie que, en cuanto a shock value se refiere, las deja a todas en pañales.

Berserk está lleno de momentos agonizantes y traumantes, pero jamás los arroja solo porque sí. Cada escena horrible se construye cuidadosamente, considerando seriamente el impacto que tendrá en la historia y los arcos de personaje.

No invaden la trama como si fueran sus dueños, sino que dejan que la audiencia se recupere del horror anterior antes de mostrar su fea cara y asustarlos de nuevo.

Eso es lo que permite que esta historia siempre se sienta fresca e interesante, porque te permite pasar tiempo con los personajes y explorar la forma en la que se recuperan de lo que han vivido.

Esa contemplación es lo que permite que el shock value pueda tener un impacto duradero y aportar de forma permanente a la narrativa.

¡Y con eso acabamos! Ahora ya sabes qué es el shock value y cómo aprovecharlo.

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