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La ansiedad como elemento narrativo: ¿cómo manejarla?

ansiedad como elemento narrativo

La ansiedad como elemento narrativo: ¿cómo trabajarla con profundidad?

El estrés de la vida nos hace a todos presas de la ansiedad de vez en cuando, y quizás por eso muchos escritores se sienten llamados a trabajar esta emoción en sus historias.

Por supuesto, hay distintos niveles de ansiedad y no todos sirven para explorar realmente el elemento, pero eso no significa que cada nivel no tenga sus usos.

Si quieres aprender un poco más sobre el tema, ¡no pares de leer!

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un sentimiento de miedo e inquietud que puede causar en el individuo palpitaciones, sudor y tensión extrema.

La ansiedad puede ser una reacción ocasional o un trastorno generalizado que hace que la persona se preocupe excesivamente por problemas del día a día como el dinero, la familia y la salud.

Al mismo tiempo, la ansiedad puede ser causada por fobias o incluso aparecer como un ataque de pánico prolongado que puede durar varios minutos.

La vida es estresante y por eso la ansiedad es un elemento narrativo con el que virtualmente todos los miembros de la audiencia se pueden identificar. Dicho esto, eso no significa que siempre sea un beneficio para la historia.

¿Cuál es su propósito narrativo?

Como mencioné antes, la ansiedad se presenta en niveles. No es lo mismo, por ejemplo, que tú tengas la sensación de que te está llegando la gripa, a que experimente lo mismo un hipocondríaco.

Al primero apenas le molestará, mientras que el segundo literalmente sentirá que se va a morir y estará obsesionado con que lo traten lo antes posible y utilicen los medicamentos más potentes para ayudarlo, incluso si estos pueden resultar dañinos si sus síntomas son leves.

Aquí estoy poniendo dos extremos, pero quiero que quede claro que existe un universo entre ellos que te permite calibrar a placer el nivel de ansiedad que debes colocar en tus personajes.

Ahora, aunque es cierto que el nivel de ansiedad puede variar muchísimo, existen dos formas de clasificarlo que te ayudarán a determinar su fin narrativo: ansiedad ocasional o ansiedad recurrente.

Ansiedad ocasional

Este tipo de ansiedad se caracteriza por aparecer muy rara vez y poseer un componente racional; es decir, el personaje no se siente ansioso por un simple trastorno o una debilidad de carácter, sino porque está experimentando una situación genuinamente estresante.

Esto es lo que vemos en Tarzan, por ejemplo, cuando al ser capturado empieza a golpear los lados del barco, y pasa rápidamente del enojo a la depresión. La situación lo supera y por eso siente ansiedad.

Lo mismo se podría decir de Nami en One Piece cuando llora y se desespera al ver que las personas que ama están a punto de ser aniquiladas por un malvado pirata.

En este contexto narrativo, la ansiedad se utiliza para mostrar una reacción extrema del personaje, algo que no se puede mostrar con un simple llanto o una mirada triste, y simultáneamente hacer que la audiencia empatice y entienda lo crítica que es la situación.

El personaje vive una experiencia que lo quiebra y lo peor es que no se la está imaginando. A donde sea que voltee, no ve una escapatoria.

Por supuesto, el tema de la ansiedad ocasional es que, para tener verdadero impacto, necesita aparecer en personajes que no son ansiosos en general. De lo contrario, su fuerza narrativa disminuye porque el contraste de emociones no es demasiado pronunciado.

Dicho de otra forma, este tipo de ansiedad golpea muy distinto cuando se trata de un personaje fuerte y estoico, a que cuando lo hace un personaje débil y llorón.

Digamos que es la diferencia entre ver a tu hermanito llorar y contemplar a tu padre llorar.

Este contraste sirve para marcar una especie de punto de inflexión en la historia y decirle a la audiencia “las cosas están muy mal”.

Ansiedad recurrente

La ansiedad recurrente es aquella que se presenta como una debilidad constante del personaje y que suele no estar fundamentada en elementos racionales.

Un ejemplo de esto lo vemos en El Jorobado de Notre Dame, donde el personaje principal siente verdadero temor ante la idea de que los demás lo odien por cómo luce.

Ahora, lo irracional aquí no es que Quasimodo se preocupe, sino el extremo al que llega (aquí entra de nuevo el ejemplo que mencioné sobre el hipocondríaco). Quasimodo les tiene miedo a todos e incluso su autoestima está íntimamente ligada a su aspecto físico.

Su trauma es tan severo que Frollo ni siquiera necesita encerrarlo ni encadenarlo para asegurarse que no salga de la catedral. Al inicio de la historia, Quasimodo es su propio alcaide.

Este miedo es recurrente porque forma parte íntegra de la personalidad del personaje y también de su arco. Ambos componentes son importantes porque, al final del día, en este contexto la ansiedad nace de una debilidad moral del personaje.

En el caso de Quasimodo, esa debilidad es la ingenuidad moral con la que entiende el mundo: él debe ser un monstruo porque es feo, Frollo es bueno porque lo cuida a pesar de eso, y Esmeralda es una santa porque es hermosa.

Incluso se considera instantáneamente inferior a Febo porque él representa todo lo que a Quasimodo le gustaría ser.

Por supuesto, está claro que introducir este tipo de ansiedad en uno de tus personajes inmediatamente lo meterá en el arquetipo de personaje débil… ¿o no?

Bueno, lo interesante es que no es así. Esto también puede ocurrir con personajes competentes que simplemente son mejores a la hora de esconder su alto nivel de ansiedad.

Un ejemplo genial de esto es Jynx de Arcane: League of Legends, ya que el personaje es bastante fuerte y aparenta ser muy segura de sí misma, pero en realidad la ansiedad la carcome por los errores que ha cometido en el pasado. Jynx siempre sufre y teme quedarse sola, y eso se debe a que vive una ansiedad recurrente; un trastorno verdadero que le hace hasta tener episodios esquizofrénicos.

Cualquier arquetipo de personaje puede sufrir este tipo de ansiedad, ¡no se limita solo a los débiles y tímidos!

Como resumen, esta ansiedad debe estar ligada directamente con la falla central y el arco del personaje y aparecer con frecuencia a lo largo de la historia. ¡Esos puntos son cruciales para que la construyas bien!

¿Cuál de las dos te conviene más?

Como te podrás imaginar, no hay una respuesta definitiva, especialmente porque solo te estoy ofreciendo dos formas de clasificar la ansiedad. La realidad es que existen “ansiedades” ocasionales más fuertes que otras, y lo mismo ocurre con las recurrentes.

No estoy encerrando en una caja todos los tipos de ansiedad, sino que te estoy dando parámetros para que encuentres el que mejor se adapta a tu historia y lo que quieres transmitir.

¡Y ya con eso llegamos al final! Espero que este contenido te haya resultado realmente interesante.

Si fue así, quizás disfrutarás leer este otro sobre cómo trabajar la obsesión como elemento narrativo. ¡Échale un vistazo!

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