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¿Puede una historia estúpida ser inteligente?

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Las historias estúpidas… tal vez tengan un secreto entre manos

Una de las cualidades que caracteriza el gusto de mi esposa por las experiencias narrativas es que realmente odia cualquier historia estúpida como The Other Guys o Daddys Home. Lamentablemente, esa no es una opinión que comparto del todo (y créeme que me gustaría decir lo contrario).

Quizás lo peor de todo es que mi influencia ha hecho que, con el paso de los años, mi esposa cada vez tenga más tolerancia para esta clase de películas, y hasta llegue al punto ahora de que algunas le han gustado.

Esto es muy malo… ¿o no?

Verás, algo que me di cuenta rápidamente al analizar historias (especialmente comedias ridículas como Ace Ventura o Superbad) es que muchas veces lo que parece “estúpido” en realidad es ocurrente y brillante de una manera peculiar.

Esto no sucede siempre, por supuesto, pero, cuando pasa, tal vez pueda hacer que te cuestiones si una película estúpida puede ser secretamente inteligente.

Es una idea rara lo sé, pero si quieres explorarla más a fondo, ¡no pares de leer!

“¿De qué rayos estás hablando, JEFS?”

Ya sé, ya sé. De entrada, la premisa de este artículo parece una gigantesca contradicción y, además, una discusión con muy poco valor.

Vamos, si al final vamos a discutir si una historia es estúpida o no, lo más probable es que la obra se esté enfocando en los elementos equivocados… sin embargo, mi punto es justamente que, como espectadores, somos nosotros los que nos enfocamos en lo que no es y nos perdemos lecciones interesantes que nos ofrecen las historias más inesperadas.

Que una narrativa se haga la interesante, ponga un tono serio y cite frases de grandes pensadores de la historia, no la hace necesariamente inteligente. De hecho, muchas veces son justamente esta clase de obras las que carecen de profundidad; ya que caen en la tentación de proyectar ideas de forma superficial.

En ocasiones, son justamente los escritores que no se toman a sí mismos muy en serio los que exploran con mayor honestidad la temática de la historia.

¿Qué hace que una historia sea “inteligente”?

Entonces, una pregunta válida es: “si el tono serio y las tramas rebuscadas no hacen que mi historia sea inteligente, ¿qué rayos la puede ayudar?”.

Bueno, para empezar, existen dos tipos de inteligencia en la construcción de historias: la inteligencia creativa y la inteligencia narrativa.

La primera, como te podrás imaginar, se refiere exclusivamente a lo ocurrente y única que es tu historia; a las ideas idiosincrásicas de tu mente y cómo las plasmas en el papel. Aquí estamos hablando de las Stands de Jojo’s Bizarre Adventure o las desquiciadas aventuras de Rick and Morty.

La inteligencia narrativa, por su parte, es la que trabaja los símbolos de la historia y la temática, profundizando los elementos de la narrativa y logrando que funcionen de forma armónica y congruente. Estos son los conocimientos técnicos que tienes como escritor; esos que te ayudan a darle valor narrativo a cada elemento de la historia.

Entonces, una historia inteligente es aquella que incluye estas dos facetas de la construcción de historias.

Por ejemplo, la película de The Grinch con Jim Carrey, fácilmente podrías calificarla de estúpida. Después de todo, hay una escena en la que el protagonista se pone a discutir con su eco… ¡y este le responde con un insulto!

“¡Qué ridículo! Los ecos no funcionan así, escritor, ¡qué tonta tu película!”

Excepto que no lo es…

En realidad, es una escena extremadamente creativa y con valor narrativo, no solo porque nos sorprende y nos hace reír con lo ridícula que es la situación, sino que también nos muestra de una forma clara que el problema del Grinch no es solo su soledad, sino el odio que tiene por el mundo y por sí mismo, donde su propia voz fácilmente se vuelve contra él.

Si alguna vez has tenido depresión, sabes perfectamente que ese último elemento es mucho más oscuro y terrible de lo que parece, porque la mente de una persona depresiva está llena de voces que quieren destruirlo TODO EL TIEMPO.

El Grinch es justamente eso: un personaje deprimido por los traumas de su pasado y que comete actos malvados simplemente para no pensar en lo solo y triste que está. Es solo cuando logra salir de sí mismo gracias a Lucy Lu que es capaz de escuchar otras voces que en realidad quieren lo mejor para él y es capaz de salir del oscuro agujero en el que se encontró la mayor parte de su vida.

La película se las ingenia para explorar estas ideas tristes y duras a través del humor sin que pierdan su valor simbólico. Lograr esto requiere una mente talentosa y extremadamente inteligente. No es un trabajo trivial en lo absoluto y por eso es erróneo considerar que esta película es estúpida… es decir, lo es desde cierto punto de vista, pero no desde el punto de vista narrativo.

Por supuesto, no quiero dar la impresión ahora de que todas las comedias idiotas que están por ahí son en realidad obras maestras. Solo hay que ver Anchorman 2 para entender que existe tal cosa como una película DEMASIADO estúpida.

En este caso, por ejemplo, fácilmente podrías argumentar que la inteligencia creativa es bastante prodigiosa… pero la narrativa está básicamente en pañales y eso hace que se vuelva increíblemente tonta.

Esta es también una de las razones por las que la mayoría de las películas de Adam Sandler o Seth Rogan tienen tan mala fama. Mucha creatividad (a veces), pero cero valor narrativo.

¿Puede una historia “inteligente” en realidad ser muy estúpida?

Ahora que ya establecimos que una historia estúpida puede ser inteligente, lo que nos falta es ver la otra cara de la moneda: ¿puede una historia inteligente ser estúpida?

¡Claro que sí! De hecho, esto tiende a ser mucho más común de lo que piensas, lo que pasa es que es más fácil irse con la finta y creerle a esta clase de historias.

Un ejemplo muy claro es la serie de Sherlock Holmes de la BBC, un show que estoy seguro que la mayoría de las personas dirán que es uno de los más inteligentes que se han hecho…

Lamentablemente, ese no es el caso y esto es evidente para cualquiera que haya leído las obras de Sir Arthur Conan Doyle.

Verás, una de las particularidades de estas historias y lo que las hace tan legendarias (e inteligentes) es que todo tiene sentido lógico. Tal y como dice Sherlock, cualquier persona que aplique sus métodos podría descifrar los casos igual que él. Las pistas se le dan a la audiencia y la narrativa siempre tiene algo establecido a lo que aferrarse para justificar sus desenlaces más creativos.

En la serie de televisión esto empieza más o menos así, pero a medida que avanzan las temporadas se olvida más y más hasta que la serie se convierte en uno de los inventos más ridículos que existen.

Dime si esta excusa te suena familiar: “es que estos personajes son TAN inteligentes que pueden interpretar una infinita cantidad de datos para predecir con exactitud todo lo que sucederá y cómo deben responder a ello”.

Eso es algo que a esta serie le encanta vender… pero básicamente significa que los escritores no tienen ni idea de lo que sucede ni cómo avanzar la trama, y simplemente arrojan esta excusa cuando algo no tiene sentido: “no es que sea estúpido y no tenga sentido, es que no eres lo suficientemente inteligente para comprenderlo”.

Se vuelve una situación de “las ropas del emperador”, donde la audiencia no quiere admitir que lo que ven es estúpido por miedo a que consideren que “no tienen la inteligencia para comprenderlo”.

Eso es lo que hace que algunos queden admirados al ver que Sherlock Holmes sobrevive una herida de bala mortal “pensando con mucha fuerza” o que la contraseña del teléfono de Irene Adler sea “Sherlocked”.

Si esta serie fuera una parodia o una comedia hasta me parecería una burla ingeniosa, pero dado que no es la intención de los escritores, claramente te puedes dar cuenta que quizás falta meterle un poco más de neuronas a la producción.

¡Y con eso termina el artículo! Me pregunto si esta opinión te resultará controversial o pensarás igual que yo. ¡Asegúrate de decírmelo en los comentarios!

Publicado en Escribir

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