¿Cómo “romper” reglas narrativas?

Una de las discusiones más polémicas que puedes tener sobre las historias es la idea de romper reglas narrativas. Ya sea porque algunos crean que nunca se deben romper o porque otros piensen que no existen reglas para empezar, siempre habrá muchas dudas alrededor de este concepto.

Sin embargo, si caes en uno de estos dos extremos, lo más probable es que sea porque todavía no entiendes bien qué son las reglas narrativas, y por eso no ves por qué “romperlas” puede ser algo completamente factible.

Si te interesa el tema, ¡lee este artículo hasta el final!

¿A qué me refiero con romper las reglas?

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Primero que nada, quiero dejar algo claro: cuando hablo de “romper reglas narrativas”, lo digo de forma figurativa porque es la expresión que utiliza las personas regularmente, pero probablemente no significa lo mismo que tú crees.

Romper una regla narrativa (de la forma correcta) significa encontrar una estructura alternativa que se adapte mejor a las particularidades de la historia que quieres contar.

Por ejemplo, Jane Austen “rompe” las reglas narrativas cuando en sus novelas no coloca descripciones claras de ninguno de los personajes, pero lo hace de la forma correcta porque, para mantener interesantes sus historias, prefirió enfocarse de lleno en las acciones de los personajes y no en la construcción de las escenas y el mundo.

¿Existe tal cosa como “reglas” en las historias?

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Al contrario de lo que algunos piensan, sí existen reglas en las historias. Desde cosas tan sencillas como “deben tener un inicio” hasta cosas más avanzadas como “el arco del protagonista debe amarrarse a la temática y fortalecerla”.

Quizás esto suene como un “ataque a la creatividad”, pero es todo lo contrario. Si entras en una historia pensando que todo se vale, jamás podrás hacer algo que tenga sentido. Simplemente, contarás una sucesión de hechos uno tras otro sin que exista una estructura que los sostenga.

Tener límites es lo que alimenta la creatividad y por eso es importante que conozcas los tuyos. Piénsalo así, ¿acaso habríamos inventado los aviones si pudiéramos volar? ¿Habríamos inventado el habla si pudiéramos comunicarnos telepáticamente? ¿Hubiéramos creado contratos si las personas siempre dijeran la verdad y cumplieran lo que prometen?

Esos límites crean problemas en nuestro día a día, y la creatividad está ahí para superarlos. Lo mismo sucede con las historias, porque los retos narrativos están siempre presentes, y depende de cada autor superarlos.

¿Quieres contar la historia desde la perspectiva de un personaje secundario? Entonces, tienes el reto de lograr que el personaje central siga siendo el más interesante. Sir Arthur Conan Doyle lo logró dándole la perspectiva a Watson, pero el rol protagónico a Sherlock.

¿Quieres contar la historia de un monstruo fantástico y darle un aire de realismo? Entonces, tienes el reto de lograr que las reacciones de los personajes sean tan realistas que se sientan como personas de carne y hueso. Bram Stocker lo resolvió creando una historia contada por medio de cartas y diarios.

¿Quieres contar la historia de un asesino y que la gente sienta pena y empatía por él? Entonces, tienes el reto de balancear sus deficiencias morales de forma que retenga cualidades heroicas a la vez que malvadas. Dostoyevsky lo resolvió colocando un antihéroe con gran capacidad de reflexión en un contexto miserable y triste.

Entonces, no caigas en el error de creer que eres original por romper la estructura de una historia si realmente no entiendes cuáles son los retos que eso conlleva; es decir, qué es lo que estás sacrificando y qué estás ganando al hacerlo.

¿Cuándo vale la pena romperlas?

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Como te podrás imaginar, romper las reglas narrativas vale la pena solo cuando se cumplen dos condiciones:

  1. Tu historia DE VERDAD lo necesita, es decir, tu visión artística no puede cumplirse si te enfrascas en una estructura general.
  2. Entiendes por completo el elemento que piensas romper y descubres cómo minimizar su partida.

Si hay algo que te darás cuenta el instante en que tomes un clásico de la literatura y lo analices medianamente en serio, es que PRÁCTICAMENTE TODOS rompen una regla narrativa de una forma u otra (excepto Dostoyevsky, su escritura es simplemente perfecta).

  • Victor Hugo empieza monólogos propios y mete su opinión en el texto.
  • Tolkien a veces no te muestra eventos clave de la historia, sino que te los cuenta por medio de otros personajes.
  • Sir Arthur Conan Doyle avanza la historia con exposición narrativa.
  • Dante Alighieri mezcla construcción de mundo con desarrollo de personaje.

Técnicamente, si entiendes las reglas narrativas como directrices inamovibles, cometerías el error de criticar a estos autores. La cuestión es que la clave no es lo que dice la regla, sino el porqué la regla existe para empezar. Si lo entiendes, puedes romperla y darle una mejor forma a tu historia.

¿No me crees? Deja que vuelva a utilizar a estos grandes autores para ilustrarlo:

Victor Hugo y los monólogos propios

¿Por qué están mal los monólogos del autor? Porque manipulan la opinión del lector y convierten la historia en un sermón.

¿Por qué los necesitaba Victor Hugo? Porque quería estudiar su propia opinión sobre los dilemas que presentaban sus historias y necesitaba que el lector viviera esa transformación con él para que la obra realmente pudiera concientizarlo.

¿Cómo evitar que se vuelvan manipuladores? No das conclusiones finales. Manejas un discurso reflexivo, poético y profundo, de forma que el lector no pueda copiar tu opinión, sino reflexionar lo que dices.

Tolkien y el “muestra, no cuentes”

¿Por qué está mal contar y no mostrar? Porque impide que el lector conecte emocionalmente con los sucesos importantes de la historia.

¿Por qué necesitaba hacerlo Tolkien? Porque quería transmitir al lector la incertidumbre que vivían los personajes y las emociones de sorpresa que experimentaban.

¿Cómo evitar que desconecten emocionalmente al lector? Haces que el gancho emotivo no sea el suceso en sí, sino las consecuencias que provoca, como el reencuentro de los amigos, el crecimiento de los personajes y la evolución del mundo.

Sir Arthur y las explicaciones expositivas

¿Por qué está mal basar tu historia en explicaciones expositivas? Porque hace que la lectura se vuelva lenta, aburrida y que la trama no avance.

¿Por qué necesitaba incluirlas Sir Arthur? Porque quería que sus historias fueran un ejercicio mental para el lector también, de forma tal que se divirtiera tratando de descubrir el misterio junto a Sherlock, pero este al final siempre resultara más impresionante. Para lograr esto, era clave que se sintiera que el lector y el detective recibían la misma cantidad de información, pero uno podía hacer mucho más con lo que recibía.

¿Cómo evitar que la exposición haga más aburrido el relato y alente el avance de la historia? Haces que el enfoque de la historia sea el misterio y las capacidades deductivas del protagonista, para que la exposición y el avance de la trama sean la misma cosa. Además, por si acaso, haces diálogos divertidos y creativos.

Dante Alighieri y la construcción de mundo vs el desarrollo de personajes

¿Por qué está mal mezclar la construcción de mundo con el desarrollo de los personajes? Porque divides la atención del lector y haces que ni una cosa ni la otra tengan verdadero impacto.

¿Por qué necesitaba hacerlo Dante? Porque La Divina Comedia es una novela que, más que construir un mundo, se trata de una exploración moral tanto desde el punto de vista intelectual (Virgilio) como el teológico (Beatriz). Los destinos que visita el lector y el desarrollo de los personajes que ahí están (incluyendo a Dante) son la misma cosa; no los puedes separar.

¿Cómo evitar que se divida la atención del lector? Utilizas un lenguaje poético altamente simbólico, de forma tal que la construcción de mundo siempre sea una metáfora para ilustrar el sentir del personaje y sus fallas claves.

¡Así es como se rompen reglas narrativas! Como ves, es un proceso mucho más metódico que tiene poco que ver con una “fórmula mágica”. Es un proceso que refleja un verdadero compromiso artístico y amor por las historias y los elementos que las construyen.

¡Espero que este artículo te haya gustado! Si fue así, quizás disfrutes este otro sobre la estructura narrativa. ¡Completamente basado en los análisis de John Truby! ¡No te lo pierdas!

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