Experiencia emocional del lector: ¿en qué consiste?

Uno de los vicios que veo con mucha frecuencia en los escritores, especialmente en aquellos que toman la crítica como una herida personal, es constantemente subestimar la experiencia emocional del lector, partiendo de la premisa de que si no entendió lo que quisiste transmitir, entonces es un idiota que no leyó con atención.

Esa es una terrible forma de enfrentar la crítica constructiva, y también es una pésima actitud si todavía quieres seguir mejorando como autor. Si bien es cierto que existen toda clase de lectores, nunca deberías subestimar la experiencia que tiene cada uno.

¿Por qué? Bueno, la respuesta no es tan sencilla, por lo que pensé que sería una buena idea dedicar un artículo entero al tema.

Si te interesa aprender más sobre el concepto de la experiencia emocional del lector y, además, quieres saber como aprovecharlo, ¡lee hasta el final!

¿A qué nos referimos con experiencia emocional del lector?

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Como te podrás imaginar, la experiencia emocional del lector se refiera a la forma en que un lector reacciona emocionalmente a los distintos eventos de la trama.

Los mejores escritores de la historia han logrado dominar este concepto hasta el punto que pueden predecir qué es lo que un lector sentirá en cada punto y, por ende, pueden dirigirlo en la dirección que más se ajusta con su visión artística.

Por eso es que sujetos como Victor Hugo y Dostoyevsky pueden hacer que llores, te rías, te enojes, te frustres, te asustes y esta emoción siempre esté perfectamente alineada con lo que la escena en cuestión te quiere transmitir.

No es fácil llegar a ese nivel, pero lograrlo te puede convertir en un autor extremadamente atractivo y adictivo.

¿Por qué deberías tomarla en cuenta?

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En el afán de querer sorprender y burlar a la audiencia, muchos escritores se olvidan por completo de ponerse en los zapatos de aquellos que experimentarán su historia.

En pocas palabras, están tan ensimismados por sus propia ideas, que se les olvida que la historia no está hecha para ellos, sino para su audiencia.

Por eso es muy común que veas estas películas millonarias que son terribles y le faltan el respeto a su fanaticada. Están tan contentos dándose palmadas en la espalda y llamándose genios unos a otros, que se les olvida por completo considerar la experiencia emocional del espectador.

Esto es un fracaso terrible como contador de historias porque es justo esa parte emocional lo que permite que una obra se quede grabada en la mente de las personas y quieran recomendarla para que otros sientan lo mismo.

Esto último es lo que hace que se creen foros y conversaciones sobre la historia, porque las personas necesitan expresar de alguna forma todas esas emociones que se quedaron atrapadas en su corazón al presenciar la lucha de los personajes y el avance de la trama.

De hecho, este elemento también es lo que le da profundidad y complejidad a la historia, porque una alta carga emocional permite que la obra pueda conectar de distintas formas con toda clase de individuos. Justo por eso es que existe un elemento subjetivo muy poderoso a la hora de hablar de libros, series y películas.

Nunca subestimes este elemento. Si bien es cierto que tú debes ser el primer fan de lo que escribes, también es cierto que no llegarás lejos si tu audiencia no siente nada o tiene una experiencia negativa con tu obra.

Nota: con eso último no me refiero a que la historia no puede mostrar cosas feas o incómodas, sino que sus emociones no se alineen con lo que la narrativa presenta y, por ende, les impida conectar con lo que sucede en la trama.

¿Cómo aprovecharla?

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Ahora que hablamos a detalle sobre este concepto, es hora de que te comparta algunos consejos para que puedas trabajar con éxito la experiencia emocional de tus lectores.

Toma en cuenta que todo depende de lo que TÚ quieras que el lector sienta. Cualquier visión artística es válida, pero no olvides que la forma en que planees este elemento afectará directamente lo que los demás opinen de ella.

Por ejemplo, si tomas la dirección de The Last Jedi (cuya intención era burlarse de los fans y darle exactamente lo contrario a lo que querían) no te sorprendas si luego resulta que casi todos detestan lo que escribiste.

Se vale hacer pasar a tu audiencia por situaciones rudas y sentimientos negativos (como sucede en La Lista Schindler o El Silencio de los Corderos), pero siempre y cuando los momentos estén bien construidos, créeme que todos alabarán lo que hiciste.

Y bueno, ya sin más preámbulo, ¡empecemos con los consejos!

Desarrolla muy bien a tus personajes

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Está más que claro que los personajes son el alma de toda buena historia. Es justamente a través de sus problemas y conflictos que podemos discernir qué clase de emociones deberíamos sentir.

Si un personaje que queremos sufre, entonces nosotros sufriremos con él o ella; si nuestro protagonista súbitamente es feliz después de un largo camino de tortura, entonces nosotros sentiremos el mismo alivio y compartiremos su alegría.

Sin esa conexión emocional con los personajes, realmente es imposible que puedas lograr que tu audiencia viva realmente una experiencia emocional.

Por supuesto, es imposible que esto suceda si no desarrollas muy bien a tus personajes. Es importante que dejes que el espectador o lector pase tiempo con ellos, que entiendas sus defectos, sus motivaciones, sus sueños y anhelos; que sepa qué es lo que el personaje valora y qué detesta.

Es a partir de ese conocimiento que las personas pueden entender de una manera profunda a tus personajes, ya que se crea una relación que va más allá de las palabras que puedas colocar en el relato: la audiencia es capaz de ponerse en los zapatos del personaje y vivir en carne propia lo que siente.

Es por eso que no es lo mismo ver a Jean Valjean hacer un acto bueno y altruista, que ver a Deadpool en el mismo plan. Ambos personajes vienen de lugares totalmente distintos, y por eso nuestras reacciones emocionales a cada acción serán muy diferentes.

¡No lo olvides!

Explora los conflictos internos de tus personajes

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Para ser honesto, esto está metido dentro del apartado anterior, pero creo que vale la pena separarlo del resto.

Es posible construir personajes “funcionales” que te permiten manejar la historia exactamente como quieres, pero si no trabajas sus conflictos internos, entonces jamás serás capaz de introducir emociones poderosas en tu lector.

¿Por qué? Porque, al final del día, los conflicto emocionales más difíciles e interesantes, necesitan ser explorados intelectualmente también.

Me refiero a ese momento en el que te quedas despierto viendo el techo pensando si te sientes solo porque tus amigos no te hacen caso, o porque la situación en tu casa te ha alienado de tu familia.

O a esa situación en la que tratas de analizar por qué te sientes desganado; si es porque a un familiar le dio cáncer o porque todas las cosas que has intentado últimamente te han salido mal.

Es justamente esa evaluación y constante intriga racional lo que permite que tu emoción pase de ser algo vago a un monstruo con dientes o a un hada con polvo medicinal.

Entonces, necesitas que tus personajes también pasen por momentos así para que tus lectores también se sientan invitados a pensar seriamente qué harían ellos en lugar del personaje. Eso les permite verlo como si fuera alguien de carne y hueso, y, además, los involucra intelectual y emocionalmente con la trama.

Deja que “respire” la emoción que buscas transmitir

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Algo increíblemente molesto de muchas de las películas taquilleras de Hollywood (y muchos libros modernos) es que parecen completamente alérgicos a dejar que sus personajes sientan y pasen, aunque sea un instante, por un momento de contemplación.

Si leíste mi artículo sobre el ritmo narrativo o pacing, entonces sabes que los buenos escritores no crean una historia rápida ni tampoco una lenta. Simplemente, manejan la velocidad del relato de forma tal que siempre está en armonía con lo que la escena intenta conseguir.

En el caso de las escenas emotivas, es crucial que dejes que tu lector tenga tiempo para desarrollar la emoción que quieres transmitir. Algunas, como la tristeza, toman bastante tiempo en aparecer, por lo que tu escena debe estar construida de forma tal que poco a poco a aparezcan los estímulos necesarios para empujar al lector a esa sensación.

Lo mismo sucede con el terror y la felicidad, y si no entiendes eso, tus historias siempre se quedarán cortas. Como que son buenas para pasar el rato y poco más.

Pide muchísima retroalimentación

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Una de las mayores dificultades a la hora de tratar de crear una buena experiencia emocional para el lector, es que como autores es muy común que suframos de ceguera de autor, especialmente si estás empezando.

Lamentablemente, la única forma de escapar de esta trampa es a través de pedir mucha retroalimentación y tomarte en serio la crítica constructiva.

Con esto no trato de decir que debes lograr que todos amen tu obra, porque eso nunca sucederá. A lo que me refiero es que la experiencia de distintos lectores te ayudará a encontrar patrones y entender si realmente tus escenas están logrando el cometido que buscar con cada una.

A medida que crezcas como autor, esto se volverá cada vez más sencillo, pero este proceso toma tiempo y es muy difícil de dominar (y es todavía peor si cometes el error de rodearte de personas que no se atreven a darte retroalimentación negativa).

Como nota aparte, déjame decirte que la crítica constructiva es una bendición, no es algo de lo que deberías huir. La mayoría de las personas que leerán tu historia, pero no la disfruten, ni siquiera se molestarán en decirte por qué no les gustó. Se irán a otro sitio y punto. Mientras tanto, tú te quedarás triste y desanimado al ver que, por alguna razón, nadie aprecia tu obra.

Mientras más rápido salgas de tu caparazón y te expongas al mundo, ¡más rápido crecerás y más fácil será entender cómo funciona la experiencia emocional de tus lectores!

¡Y con eso acabamos! ¡Espero que te haya gustado el artículo! Si fue así, ¡no olvides suscribirte al newsletter!

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