La importancia de madurar para convertirte en un gran escritor

Hace un tiempo, me topé con una situación extraña en Wattpad. Una de las escritoras que sigo publicó un anuncio hablando sobre lo mucho que le molestaba el concepto de la “generación de cristal”, explicando su frustración con una situación particular en la que alguien conocido con una deficiencia física, era constantemente bulleado, mientras algunas personas a su alrededor le decían que era “parte de la vida”.

Cuando se quejó de esta “filosofía” la acusaron de pertenecer a la “generación de cristal”, y eso le llevó a escribir una extensa queja sobre el tema, exponiendo sus ideas y criticando justamente la mentalidad de los que la rodeaban.

Su crítica no era mala, pero estaba incompleta, porque se enfocaba exclusivamente en el aspecto negativo del mensaje que le dieron y no hacía suficiente autocrítica sobre su propia actitud.

Usualmente no respondo anuncios en Wattpad, pero este me pareció que abría la puerta a una conversación interesante, por lo que decidí compartirle esta otra perspectiva, recomendándole además que leyera Los Miserables, una obra maestra que precisamente habla sobre lo que significa elevarse heroicamente contra las injusticias de la vida y mejorar el mundo a tu alrededor.

Lamentablemente, me llevé una triste sorpresa. En lugar de un diálogo interesante, me topé con un “esa no es mi clase de literatura, y yo soy escritora: cuando algo me molesta, escribo, así es como funciono”.

En el momento, me encogí de hombros y seguí con mi día, pero a medida que pasaba el tiempo la respuesta volvía una y otra vez a mi cabeza, cada vez con más fuerza. Algo de ella me molestaba profundamente, y no fue hasta el día siguiente que capté qué era.

Más que rechazar a Victor Hugo, lo que había hecho esta persona era admitir que ella solo era capaz de buscar respuestas dentro de sí misma, como si creyera que ahí estaba la fuente de toda la sabiduría.

Escribir es un ejercicio útil para organizar tus pensamientos y reflexionar, pero no es algo que utilizas para crecer, porque al final del día estás trabajando con lo que ya está en tu cabeza.

Leer es un ejercicio que utilizas para introducir nuevas ideas y perspectivas en tu vida, para ver la vida de una forma más amplia y profunda.

Decir que tu forma de lidiar con un problema es “escribiendo”, demuestra que tienes una mente inmadura que no ha entendido la verdadera complejidad del mundo que la rodea.

Bueno, eso último sonó como una fuerte crítica a esta escritora, pero cabe destacar que seguramente es bastante joven, y no la culpo por pensar así. Vamos, ¡yo también actué de esa forma durante mucho más tiempo del que me gustaría admitir!

En realidad, te cuento este suceso porque me hizo reflexionar sobre la importancia que tiene madurar para poder escribir grandes historias; una relevancia que quizás trasciende incluso la necesidad de aprender sobre elementos narrativos.

Si te interesa descubrir mis ideas sobre el tema, ¡continúa la lectura!

¿Por qué la inmadurez afecta nuestra escritura?

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Aunque sea extraño pensarlo, tener una mentalidad inmadura puede afectar drásticamente las historias que creamos. En parte, es por esto que la experiencia de vida de los autores es tan importante durante el proceso creativo.

Pero ¿qué es lo que hace que la inmadurez sea tan mala para nuestra labor artística? ¡Aquí te van algunas formas en las que este vicio sabotea nuestro trabajo!

Hace que nuestras temáticas sean simples y superficiales

El problema de la inmadurez es que te hace creer que tienes las respuestas a preguntas milenarias que la humanidad jamás ha sido capaz de resolver del todo.

Nuestra visión superficial de los problemas del mundo hace que seamos incapaces de imprimir complejidad en nuestra historias, haciéndonos desarrollar temáticas simplonas que no dicen nada interesante sobre la realidad humana o, peor todavía, están tan erradas que pierden todo tipo de relevancia.

Por ejemplo, una mente simple construye una historia de venganza en la que el héroe, después de cometer toda clase de barbaridades, decide perdonarle la vida a le persona que desde un inicio quería matar, solo porque un vago sentido moral en el autor le dice que “la venganza está mal”.

Esto es simple y ridículo, porque la venganza no es simplemente algo malvado, la realidad es más compleja que eso. ¿Por qué? Porque la venganza también puede cumplir un fin justiciero, restaurando el balance moral del mundo.

Esta es una línea difícil de caminar y que tiene muchos matices de gris, pero debes explorarla si no quieres que tu temática esté incompleta.

Esto mismo sucede con toda clase de dilemas morales y filosofías de vida, incluyendo aquella de la que se quejaba esta escritora. En esa profundidad es donde se esconden los elementos que inmortalizan las historias.

Nos convierte en autores incapaces de aceptar la crítica

La inmadurez también tiene la desventaja de hacernos pensar que el mundo es injusto con nosotros, que no nos da lo que merecemos o que no aprecia nuestras increíbles cualidades.

Esto nos hace incapaces de ejercer autocrítica, pero también evita que tengamos la oportunidad de escuchar las críticas que otros nos dirigen.

Es posible que una buena parte de esas críticas no sean expresadas de la mejor forma o que ni siquiera sean ciertas, pero es una mala idea desecharlas del todo, porque quizás en su centro se encuentra una pista de lo que debemos hacer para mejorar como personas.

Aquí estoy hablando de forma general, pero quiero destacar que esta misma regla aplicará cuando alguien critique nuestras historias.

Tan seguros estaremos de la validez de nuestras ideas, que nos costará apreciar el valor de los pensamientos de los demás.

No hay nada más triste que un escritor que cree que ya alcanzó la cúspide de su talento y sabiduría, y mientras más pronto entiendas que tu trabajo siempre será imperfecto, mejor.

Nos hace enamorarnos de nuestro propio intelecto

Una menta inmadura se encierra en sí misma y asume que sus conclusiones sobre la vida son correctas y virtualmente absolutas. Se enamora de su propia capacidad intelectual, de la misma forma que Narciso se enamoró de su reflejo.

Esto le hace crear historias demasiado centradas en “educar” a su lector, a pasarle al menos una porción de esa increíble sabiduría que ya ha logrado descifrar los misterios insondables del universo.

“¡Claro que Dios no existe!”

“¡Claro que los ateos son pecadores inmorales!”

“¡Claro que los ricos me roban todo!”

“¡Claro que los pobres son flojos y estúpidos!”

Una persona inmadura está tan segura de que su visión simplista lo ve todo, que ni siquiera cuestiona el alcance de su intelecto.

“Solo sé que no sé nada” es un mantra que debes tomarte a pecho si realmente quieres llegar a escribir historias increíbles.

¿Cómo trabajar nuestra madurez?

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Si eres un escritor joven con una inteligencia sensible, estoy seguro que todo lo que he dicho hasta ahora te aterra… y eso es una muy buena señal.

Significa que, por lo menos hasta cierto punto, eres capaz de ver estas deficiencias en tu persona y te da miedo que esas fallas arruinen las obras en las que estás trabajando con tanto esmero.

Si es así, no te pongas nervioso. No solo es parte de la vida humana empezar con una mente inmadura, sino que el mismo proceso de maduración te dará una inmensa cantidad de herramientas para crear esa futura obra maestra.

Por supuesto, no hay una fórmula mágica para madurar, pero estos consejos te ayudarán a fomentar ese crecimiento. ¡Espero que te sirvan!

Acepta que eres un idiota y no sabes nada sobre nada

El momento que cambió mi vida para siempre, fue el instante en el que comprendí que mis padres, a quienes constantemente subestimaba, eran realmente unos genios y yo no era más que un adolescente idiota que no sabía nada sobre nada.

Ese instante fue difícil porque destrozó por completo la idea que tenía de mí mismo y del lugar que ocupaba en el mundo; pero, por suerte, también me liberó de las ataduras de mi mente y me ayudó a aventurarme con propósito en ese extraño lugar.

Claramente, el camino es largo y me queda mucho por recorrer, pero el punto es que el viaje ni siquiera pudo empezar hasta que entendí lo mucho que necesitaba crecer.

En pocas palabras, acepta de una vez que eres un idiota y que no sabes nada, pero también proponte aprender y superar esas limitaciones humanas que posees.

¡Así se comienza!

Lee clásicos de la literatura

Los clásicos no son algo que debes subestimar, independientemente de si son tu “estilo de lectura” o no. Los clásicos son clásicos precisamente porque hablan de temas humanos que te involucran a ti, a mí y a todos los que se han llamado o se llamaran a sí mismos “humanos”.

Una de las razones por las que amo las historias, es porque son capaces de extraer la complejidad, belleza y crueldad de la existencia de una forma verdaderamente interpretable para nuestras mentes limitadas; y los clásicos de la literatura son las MEJORES HISTORIAS que se han creado.

Dejarlas a un lado es dejar a un lado una fuente de sabiduría infinita; una fuente que puede ayudarte drásticamente a madurar.

Escucha más de lo que hablas

Una de las razones por las que Twitter es tan desesperante y jamás me he podido enganchar con él, es que hay demasiadas personas hablando de cosas sobre las que no tienen la menor idea como si tuvieran a Dios agarrado de la barba.

Es una plataforma que invita a la gente a desarrollar una soberbia intelectual descomunal, donde se te invita más a hablar que escuchar, y es por esa misma tentación que decidí alejarme de ella.

Si quieres crecer y madurar, entonces olvídate de coquetear con esas ideas volando sobre tu cabeza y convertirlas en absolutos. Olvídate de la mentalidad de “redes sociales”, la mentalidad de “compartir lo que está en tu mente”, y mejor busca descubrir lo que otras mentes más grandes y formadas que la tuya están pensando.

Habla con tus padres, tus profesores, tus tíos y dale el beneficio de la duda. No intentes educarlos, sino que busca algo que te permita aprender de ellos. Está claro que ellos tampoco tienen todas las respuestas y que sus propias fallas les harán desarrollar ideas sesgadas y mal estructuradas, pero incluso de esos errores se aprende.

Olvídate del “nadie aprende en cabeza ajena” y abre bien los ojos.

Exponte a ideas con las que estás en desacuerdo

Sobre todo con lo fácil que es encerrarse en burbujas ideológicas en Internet, no es nada raro que constantemente veamos apasionados activistas que creen ser absolutamente capaces de decirle a todo el mundo cómo deberían actuar y pensar (y aquí no me estoy refiriendo a un grupo en particular, sino a los cientos que hacen esto mismo).

Estas personas son esclavas de su ideología, meros drones que en lugar de poseer una idea, dejan que esta los posea a ellos.

Su mente es inmadura también, incluso si su edad te confunde de buenas a primeras.

Si quieres evitar convertirte en una de estas criaturas y ser parte del problema, entonces debes de olvidarte de tu “certeza” moral y empezar a exponerte a ideas con las que no estás nada de acuerdo.

Y no se trata de exponerte con desgana o con el propósito de decirle a los que tienen esa perspectiva que están equivocados. Lo harás con la intención de entender “por qué” hay personas que ven el mundo de esa forma y cuál es la motivación que persiguen.

Eso te permitirá tener una mente más abierta y madura.

Exponte a la miseria

El mundo es un lugar hermoso y las personas pueden hacer maravillas y realizar actos verdaderamente buenos y heroicos, pero también vivimos en un lugar cruel e inclemente donde también nosotros somos sus mismos demonios.

Esa dualidad es tan compleja como incuestionable, y necesitas conocerla a fondo para convertirte en una persona madura.

Una de las mejores formas de hacerlo es salir de tu “zona de confort” y estar cerca de personas que tienen dificultades mucho mayores a las tuyas.

Coloqué “zona de confort” en comillas porque entiendo que quizás no eres una persona rica, guapa y que se lleva bien con todo el mundo. Quizás tienes una vida familiar muy dura o inexistente. Quizás apenas y tienes amigos con los que compartir lo que sientes y pasar buenos momentos.

Sin embargo, sé que tienes una computadora o un celular, o al menos acceso a Internet. Sé que sabes leer y escribir. Puedo suponer que tienes un techo sobre tu cabeza y que vas a la escuela todos los días.

En pocas palabras, incluso si has tocado la parte miserable de la vida, todavía hay fondos profundos que ni siquiera puedes imaginar, y conocer y ayudar a personas que sí lo han hecho puede poner en perspectiva tanto tus problemas como tu actitud ante las cosas.

El trabajo comunitario es un gran camino para madurar. ¡No lo olvides!

Evoluciona tú primero y tus historias te seguirán

El trabajo artístico de alguien que crea historias es curioso, porque se verá afectado drásticamente por la forma en que decide desarrollar su persona.

Como autor, tienes una curiosa responsabilidad con tu propio crecimiento personal. Asegúrate de darle su prioridad, y verás que tus historias se beneficiarán.

¡Y ya llegamos al final! Espero que este artículo te haya dejado algo interesante. Si fue así o simplemente quieres agregar algo, ¡deja tu comentario!

One Reply to “La importancia de madurar para convertirte en un gran escritor”

  1. Gracias por los consejos JEFS, espero madurar con el paso del tiempo, después de meditarlo considero que es importante tener en cuenta que como humanos somos seres imperfectos, y lo que hablas sobre la dualidad me ha dejado muchas dudas con respecto a eso, de verdad que me he tomado con personas con problemas mucho mayores que los míos y he visto lo cruel y malo del ser humano, sin embargo he conocido ha personas que son bondadosas y hacen cosas buenas por otros, es cuando me doy cuenta que estoy en el intermedio y que puedo caer en una de ellas dependiendo de cómo siga mi camino y qué ideales tome en el recorrido. Madurar es importante para la escritura así como para la vida.

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