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Todo va a estar bien: agenda política vs historia

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Todo va a estar bien: agenda política vs historia

No es fácil para mi admitir que, por lo general, las historias que salen de Latinoamérica dejan mucho que desear en cuanto calidad narrativa; sin embargo, por eso mismo trato de ver muchas de estas obras y recomendar las mejores con las que me tope.

Basado en esta premisa (y después de una sugerencia por parte de alguien cercano), le eché un ojo a la nueva serie de Diego Luna, Todo va a estar bien y… bueno, digamos que no fue una experiencia positiva.

En este artículo te hablaré sobre esta serie y por qué pienso que es un ejemplo perfecto de cómo una agenda política cargada y obvia puede arruinar una historia.

Si te interesa, ¡sigue leyendo!

Sinopsis de Todo va a estar bien

Todo va a estar bien es la historia de un matrimonio ido a menos, en el que los protagonistas, Julia y Ruy, están llegando a términos con el final de su relación y tratan de lidiar con las inmensas diferencias que los han separado.

Ambos tienen una hija, lo cual complica la situación, y a medida que avanza la trama, nos damos cuenta que las mentiras y vicios son más prevalentes de lo que pensábamos de entrada.

¿Te la recomiendo?

Lamentablemente, no, ni siquiera un poco. La serie es bastante mala y pretenciosa al mismo tiempo, además de que es una propaganda descarada y superficial.

Quisiera poder decirte que existen temáticas interesantes y profundas aquí, pero desde el capítulo uno queda clarísimo que no es el caso.

Independientemente de tus preferencias ideológicas y/o políticas, lo cierto es que no hay nada aquí que valga la pena, ningún factor artístico que la rescate y mucho menos entretenido. La serie se califica sí misma como una tragicomedia, pero te puedo asegurar que de lo segundo no tiene nada (incluso la tragedia es debatible, de hecho).

En pocas palabras, la historia es mala, aburrida y propagandística. Dale una oportunidad bajo tu propia discresión.

Los problemas de Todo va a estar bien

Esa crítica pudo parecer bastante dura, pero lo cierto es que existen muchas razones para justificar esa opinión. ¡Deja que te las comparta!  

Lo único que quiere es vomitarte la opinión de los creadores

Por lo general, cuando veo una historia que arrastra mucha polémica, prefiero verla por mi cuenta para crear mi propia opinión. Cuando dos sectores políticos opuestos opinan sobre una obra que cuestiona o ataca la perspectiva del otro, la conversación pública suele tratarse de todo menos del contenido narrativo real de la historia.

Es lo que hemos visto miles de veces con películas como Joker o Cuties, donde no es extraño que algunos de los críticos más duros y las fanáticos más intensos sean personas que ni siquiera se han dado la oportunidad de ver el producto en sí.

Algo así parecía suceder con esta serie, donde algunos la felicitaban por “cuestionar la idea de los finales felices y la institución del matrimonio”, mientras otros la atacaban por ser una “propaganda ideológica izquierdista exagerada y grotesca”.

En este caso específico, lo cierto es que es casi imposible decir que los que sostienen la segunda opinión están exagerando en lo más mínimo.

¿Quieres que te lo demuestre? ¡Nada más fácil!

En el PRIMER capítulo tenemos una escena cerca del final en el que la historia se frena súbitamente y la protagonista se dirige directamente a la audiencia para decirle exactamente cuál es el mensaje que la obra quiere transmitir. Todo esto lo hace con un collage bastante grotesco e insultante para el sexo masculino, presentando falacia lógica tras falacia lógica, pero con la clásica confianza de quien siente que se las sabe todas.

Aquí te transcribo la escena:

¿Saben cómo fue que el matrimonio llegó a ser la base de la sociedad? Las primeras poblaciones humanas eran matriarcales y la gente no le agarraba la onda a la relación coger-tener bebés. A los vatos ni por acá se les pasaba que esas personitas eran sus hijes. Las únicas relaciones que sí entendían eran de madre e hijo porque, obviamente, todos veían que les bebés salían de las señoras. Ya cuando empezaron a agarrar el pedo de la paternidad, los güeyes se superclavaron con dejar morrites por todos lados y con estar mil por ciento seguros de que eran de ellos y no del lechero. El amor no tenía absolutamente nada que ver con el matrimonio. Un contrato de compra para asegurar tu propiedad sobre la matriz de una mujer en particular. A las mujeres se les enjaretó una chamba y una en particular: tener hijes. Un buen rato después, ya nació la idea del amor romántico derivado del amor que, supuestamente, uno tenía que procurarle a Dios y, ahí, nació esa mamada de no poder vivir sin el otre, de que tu pareja es tu otra mitad, de que hay que estar juntes hasta que la muerte los separe. Ahora, la mujer tenía que tenerle devoción cuasireligiosa al marido. Finalmente, llegó la Revolución Industrial y una ya medio podía escoger con quién casarse, y salir a trabajar. El mundo ha cambiado en todos los aspectos posibles, pero seguimos queriendo caber en ese modelo irreal, arcaico y caduco que es el matrimonio, y es que ahí está la cosa: el matrimonio, al institucionalizar el amor, lo mató.

Independientemente de si estás a favor o en contra de esta opinión, vamos a hablar sobre por qué esto es una de las escenas más anti artísticas que he visto en una historia.

Para empezar, está muy mal escrita y repleta de falacias lógicas que se contradicen a sí mismas. Ejemplos:

  1. Los hombres están “obsesionados con dejar morrites por todos lados”, pero simultáneamente decidieron crear una institución que los condenaba a la monogamía y controlar la “matriz de una mujer en particular”.
  2. El amor no tenía nada que ver con el matrimonio, pero aparentemente institucionalizó el amor.
  3. Dice que al nacer “esa mamada” de estar juntos para siempre la mujer tuvo que dedicarse al marido, actuando como si el hombre no estuviera sujeto al mismo principio de “estar sin el otre”.

Incluso si estás de acuerdo con la idea detrás de estos argumentos, la idea está tan mal escrita y presentada que pierde todo su valor. Esa es una pista de un diálogo escrito con posesión ideológica: el escritor está tan convencido que tiene la razón, que ni siquiera se preocupa por presentar su caso como se debe.

Nota: aparte de eso, la información está presentada de manera deshonesta y falsa, aunque no nos meteremos en eso porque tiene poco que ver con la narrativa.

Sin embargo, el mayor pecado de este monólogo es que (además de ser expositivo en demasía), nos está diciendo qué pensar en lugar de en qué pensar. Desde el capítulo uno, Todo va a estar bien quiere asegurarse que el mensaje que extraes es “el matrimonio no sirve para nada”, en lugar de que la misma narrativa te permita tomar tu propia decisión.

A partir de ahí, la pregunta que te debes hacer es: ¿para qué continuar viendo la serie? No es una historia, sino un panfleto que ya te está gritando en la cara la opinión central que quiere que compartas. Todo el trabajo reflexivo e intelectual se salta por completo, quitándole a la historia su razón de existir.

Y lo cierto es que este no es un caso aislado. Este es el espíritu que la serie mantiene de principio a fin, aventándote las soluciones en la cara antes siquiera de que te plantees las preguntas.

¡Es la antitésis del proceso artístico!

Nota: ah, por cierto, en el último capítulo sucede exactamente lo mismo, excepto que en lugar de ser un monólogo lo hace con una canción forzada de una manera ridícula en la historia.

La construcción de los personajes se rompe constantemente

Curiosamente, los personajes no están tan mal construidos. En realidad, en muchas ocasiones, los personajes toman decisiones idiosincrásicas que tienen sentido de acuerdo a la clase de personas que son.

Sin embargo, eso se arroja por la ventana en el momento en el que los escritores necesitan que el personaje escoja algo que les ayude a cimentar su mensaje central. Cuando sucede eso, es completamente irrelevante lo que el personaje quiera o la personalidad que tiene: se vuelve un simple títere de la ideología.

Esto es particularmente malo cuando hablamos de los problemas y defectos que los personajes tienen y cómo la historia los ignora porque necesita dejarlos de lado para que la audiencia entienda que lo que está mal es el matrimonio, no ellos.

A excepción de Ruy hasta cierto punto, ningún personaje evoluciona y crece gracias a sus fallas y las consecuencias negativas que estos traen. Simplemente, al final, todos están de acuerdo en que las triejas son lo mejor y el matrimonio es lo peor.

Tiene muchas subtramas inconsecuentes

Quizás estés pensando que cuando digo que la serie es “aburrida” estoy siendo subjetivo e injusto, pero créeme que esta crítica es más objetiva de lo que crees.

¿Cómo puedo estar tan seguro? Bueno, porque esta es una de esas historias que está demasiado encantada con presentar personajes secundarios con sus propias subtramas que tienen muy poca (o nula) relevancia en la historia.

Constantemente te hace perder el tiempo con otras historias que tienen un contenido altamente politizado, pero que se separan tanto del conflicto central que fácilmente te podrías deshacer de ellos.

Un ejemplo es el romance entre la señora de servicio y su esposo que está en prisión, la mamá de la protagonista que aparentemente está loca y el negocio clandestino de renta de juguetes de la hija.

La mayoría de estos elementos apenas se utilizan para conectar vagamente ciertas escenas, lo cual no justifica el tiempo que perdemos en ellas.

Esto sucede constantemente, lo cual hace que el ritmo narrativo sea extremadamente lento y, por ende, aburrido.

Las escenas están terriblemente iluminadas (y sí, sé que es adrede)

Algo que notarás apenas empieces la serie, es que pareciera que todas las escenas son exageradamente oscuras, incluso aquellas que se llevan a cabo durante el día.

Por supuesto, no se me escapa que esto es a propósito (después de todo, me niego a creer que alguien vio estas escenas y pensó que la iluminación era la correcta) y que lo más probable es que la baja iluminación se usara para tratar de transmitir una sensación de tristeza y baja emocional.

El problema de esto es que como TODAS LAS ESCENAS están igual la experiencia se vuelve plana y al mismo tiempo fastidiosa, porque pareciera que tu televisión está mal configurada y a veces ni siquiera puedes seguir lo que sucede en pantalla.

Tal vez pensarás que este es un problema muy pequeño del que quejarse, pero empeora tanto la experiencia que no puedo evitar colocarlo aquí.

La temática no puede respirar por culpa de la ideología

Ahora, vamos a probablemente la ironía más grande de la serie y que demuestra lo superficial que es.

Gracias al monólogo del primer capítulo y el número musical del último, sabemos que la temática de la historia es “el matrimonio es malo y solo sirve para causarle pena a las parejas y limitar el amor”; sin embargo, si analizas la historia de una manera objetiva, resulta que ese no es el aprendizaje que extraes.

Verás, los protagonistas de esta historia son terribles esposos y pésimos padres. Ambos son malos comunicándose, ninguno de los dos tiene inteligencia emocional, son egoístas, mentirosos, egocéntricos, autocompasivos y propensos a la victimización.

Es OBVIO que un matrimonio entre estos dos individuos está condenado al fracaso. Estas personas, precisamente por culpa de sus propias fallas, están destinadas a sabotear todas y cada una de las relaciones en las que entren.

A pesar de lo explícita que es la serie en cuanto a su repudio por el matrimonio, la narrativa es precisamente una demostración clarísima de cómo el problema no es la institución en sí, sino las personas que la arruinan con sus propias conductas destructivas.

Los escritores estaban tan enfocados en la ideología, que no se dieron cuenta de esta increíble incongruencia y, por ende, la narrativa y la temática están completamente desconectadas.

Lo cierto es que existen muchas formas de criticar el matrimonio (cosa que otras obras con mucha mayor calidad narrativa han logrado como A Marriage Story), pero es difícil que alguna de ellas tenga profundidad cuando ni siquiera estás interesado en explorar el tema con honestidad.

¡Y ya con eso acabamos! También estoy interesado en escuchar tu opinión al respecto. ¡Asegúrate de compartirla en los comentarios!

Publicado en Series

3 comentarios

  1. Diaz Astrid

    Yo también escribo en narrador omnisciente y testigo, solo que uno debe aprender a dominar los verbos que se pueden confundir. En segunda y primera persona no me veo narrando, siento como que me amarran las manos y no me puedo expresar libremente con los demás personajes, lo digo porque en 1era persona es solo un personaje.

    • J.E.F.S

      He intentado experimentar con varios :). Jagger lo escribí con narrador omnisciente, Ilykay y la Torre de It-Artos y El Halcón y el Dragón están escritos en primera persona, la historia corta de Yo soy Peter Cloud se cuenta con narrador testigo y El joven que respondió el llamado está en narrador equisciente. Justo la idea es familiarizarme con todos para ser capaz de elegir el mejor para la historia que trabajo en el momento. (Me falta el narrador en segunda persona, pero es que no me veo escribiendo una historia de ese estilo).

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