Cuties: carnada para los pseudo-críticos

Si has estado en redes sociales últimamente, es muy probable que hayas escuchado sobre la inmensa polémica que está enfrentando Netflix por la película francesa Mignonnes, mejor conocida como Cuties para los que estamos de este lado del mundo.

Muchos critican a este película por la forma en que sexualiza niñas de 11 años mientras que otros la defienden diciendo que justo lo que hace es criticar ese aspecto de nuestra sociedad.

Como es normal con estas películas polémicas, los críticos y la audiencia no se ponen de acuerdo; los primeros dándole un 88 % en Rotten Tomatoes y los segundos dándole un 3 %.

Pero ¿quién tiene la razón? ¿Los críticos simplemente están un nivel por encima del intelecto colectivo o la audiencia es la que está en lo cierto?

Quiero que en este artículo hablemos sobre eso, porque la realidad es que Cuties es la perfecta carnada para identificar pseudo-críticos que, en lugar de evaluar una historia por lo que es, intentan ir en contra de la corriente para pretender que saben más que la “gente ordinaria”.

Si te interesa, ¡no pares de leer!

Nota: este artículo contendrá spoilers.

Sinopsis de Cuties

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Antes de empezar, me gustaría hablarte sobre la trama de la película para que entiendas por dónde van los tiros.

Cuties es la historia de Amy, una niña musulmana que vive en Francia con su madre y sus dos hermanos menores. Su familia es sumamente religiosa, respetando todas y cada una de las directrices del Islam.

Esto desata un conflicto intenso cuando el padre de Amy decide tomar una segunda esposa, relegando a la mamá a un papel secundario, en el que incluso debe ayudar a completar los preparativos de la boda.

Mientras sucede esto, Amy está descubriendo su sexualidad gracias a unas niñas que llevan tiempo explorándola. Empieza a vestirse provocativamente y se siente muy atraída a formar parte del grupo de baile formado por sus amigas.

Los bailes están inspirados por videos modernos de reggeaton y rap, que muestran a las mujeres como poco más que piezas de carne seductoras. Sin embargo, a Amy y sus amigas esto les resulta genial y tratan de emularlas lo más posible para que su rutina les dé la victoria en un concurso de baile próximo.

¿Te la recomiendo?

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No, y no solo porque la película está llena de escenas perturbadoras y extremadamente sugestivas con menores de edad.

La realidad es que, narrativamente, deja mucho que desear. La película es lenta y aburrida, reforzando constantemente puntos que ya se habían expuesto con anterioridad, los arcos de los personajes son forzados o inexistentes, casi todos los personajes son unidimensionales y están mal construidos y la temática está llena de contradicciones.

A pesar de que no es una película particularmente larga, se siente eterna, y esto solo es agravado por lo incómodo que te sientes viéndola, precisamente porque la sexualización de las niñas es muy exagerada.

Críticos vs audiencia

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Para ser completamente honesto, ya me imaginaba que esta película sería genuinamente mala. ¿Por qué? Bueno, porque el puntaje de la audiencia es el que, usualmente, tiene la razón.

El problema de muchos críticos es que realmente no saben de lo que hablan, entonces intentan sonar más profundos de lo que en realidad son, inventando argumentos que no están reflejados en la narrativa y que no tienen ningún tipo de sustento más allá de opiniones subjetivas basadas en conexiones vagas entre los símbolos.

Cuties es una película que está perfectamente diseñada para engañar a ese tipo de críticos y exponerlos a la luz.

Me refiero a que tiene ese típico estilo de las películas “artísticas’’. Ya sabes, las escenas lentas donde no sucede nada por varios segundos, los close ups constantes a las expresiones de los personajes, la cruda inclusión de temas polémicos, etcétera.

El miembro de la audiencia común no se deja engañar por la presencia superficial de estos elementos. Para que ese individuo realmente sea impactado, debe haber mucho más que presentación. Debe haber un sustento real que, incluso si no puede detallar los elementos narrativos que impactaron su experiencia, de todas maneras se quede con algo especial.

Ojo, no estoy criticando el uso de las técnicas previamente mencionadas. Películas como Precious y Joker las utilizan a la perfección, pero, a diferencia de ellas, Cuties no lo hace con la intención de explorar la temática con honestidad y construir algo con valor artístico, sino que las usa de forma pretensiosa para aparentar una sustancia que no tiene.

Un ejemplo claro de esto son las escenas donde Amy y la líder del grupo de baile están haciéndose amigas. En una, están dentro de una lavadora, representando el sitio en el que se conocieron y que, como mujeres, siguen atrapadas dentro de los roles impuestos por la sociedad; en otra, están jugando con sus cabellos, uniéndolos en una trenza, mostrándonos como su vínculo se vuelve cada vez más cercano.

Hay muchos elementos así, muchos intentos parecidos de transmitir símbolos de forma visual, pero no hay ninguna congruencia entre esos símbolos y lo que sucede en la historia.

Es una película que solo busca impactarte y asquearte, pero no tiene nada relevante que decir sobre la problemática que maneja.

Los errores de simbología y temática de Cuties

cuties, Cuties: carnada para los pseudo-críticos

Una de las razones por las que vi esta película es porque, mientras las personas criticaban la sexualización de menores, los críticos defendían la película diciendo que es “arte pura”, que lo que sucede es que la mayoría de las personas son muy estúpidas para ver que en realidad la película expone los peligros de la sexualización infantil.

Incluso, la directora hizo declaraciones explicando que lo que quería era presentar cómo la búsqueda de “likes” y aceptación producía que las niñas explotaran su sexualidad, supuestamente presentándolo como algo negativo que hay que impedir.

Bueno, si esa era la intención de los creadores, la realidad es que fracasaron estrepitosamente, porque no solo no consiguen su cometido, sino que presentan un mensaje completamente inverso a lo que predican.

La película está plagada de problemas que producen este efecto, pero solo te mencionaré los cuatro más importantes. ¡Aquí te van!

Es una crítica al Islam más que a la sexualización de menores

cuties, Cuties: carnada para los pseudo-críticos

Si esta película criticara la autosexualización de las niñas con una décima parte de la rigurosidad con la que ataca el Islam, es muy probable que el resultado fuera mucho más honesto.

No es aleatorio que esta religión, famosa por sus estrictas reglas hacia las mujeres y estándares que muchos considerarían injustos, se coloque en directa oposición a la liberación sexual que la película explora.

Por un lado, tenemos los fanáticos religiosos, sufriendo gravemente por un sistema que Cuties presenta como injusto y humillante, mientras que las niñas, cuando están sexualizándose a sí mismas, se divierten y juegan, como si fuera lo más inofensivo del mundo.

No hay un solo personaje del lado musulmán que tenga características redimibles. Todos son unos déspotas y fanáticos fundamentalistas, que solamente existen para causar sufrimiento y frustración a la familia de Amy.

Esto se vuelve más claro cuando acaba la película y te das cuenta que su padre, la supuesta fuente del conflicto familiar, nunca aparece en la película. Eso lo que indica es que el personaje en sí es irrelevante: lo único que a la narrativa le importaba es presentar la rigidez ideológica del Islam y exponerla como algo opresivo.

Por supuesto, no tiene nada de malo que muestres el lado oscuro de un sistema, eso es parte de lo que hacen los artistas. Lo malo es que actúes como si eso fuera TODO lo que es, como si los que forman parte de esa religión no tuvieran razones de peso para creer en lo que creen.

No hay sutileza ni sofisticación en el manejo del mensaje, porque solo se muestra el lado negativo de una cosa, mientras que el otro se presenta como lo más inocente y divertido del mundo.

Bueno, eso no es cierto, la sexualización tiene UN aspecto negativo, lo cual nos lleva al siguiente punto.

El problema no es que las niñas se sexualizen, es que otros las juzguen por eso

cuties, Cuties: carnada para los pseudo-críticos

Durante la película, constantemente esperaba que Cuties hiciera algún tipo de comentario negativo ante la actitud de las niñas, una actitud que claramente no era la indicada para su edad.

Sin embargo, las veces en las que algo malo les sucede, no tiene nada que ver con el hecho de que se sexualizen, sino con la reacción que las demás personas tienen ante la situación.

En la película, vemos a personajes secundarios que hacen sentir mal a las jovencitas cuando se enteran que tienen once años, rechazar sus avances o llamarlas “zorras” por la forma en que se visten y actúen.

La película tiene mucho cuidado de presentar estas situaciones como negativas e injustas, pero en ningún momento hace que las niñas evalúen lo que ellas mismas están trayendo sobre sí mismas.

En pocas palabras, la película presenta el mensaje de que todo sería perfecto si la sociedad dejara que estas niñas “expresaran su sexualidad” sin temor a ser juzgadas, ya sea por las instituciones religiosas o los estándares puritanos sociales.

Si todavía no he sido lo suficientemente claro, esto es un argumento a favor de la pedofilia y la liberación sexual; no en contra, a pesar de que los creadores juran y perjuran que su intención era criticar esta clase de situaciones.

La historia tiene una hipocresía inherente en su desarrollo

cuties, Cuties: carnada para los pseudo-críticos

Dado que esta es una película con actores reales, es imposible separar el contexto real del mensaje que transmite la historia.

Cuando construyes una historia como esta, que se supone que busca atacar problemas sociales reales y traer consciencia sobre ellos, debes ser muy cuidadoso del ambiente que generas. Las temáticas delicadas necesitan un trato delicado, y Cuties no entendió esto en lo más mínimo.

Si es cierto que la idea era criticar la explotación sexual, es un poco ridículo que la misma película haga uso la explotación sexual de menores para generar impacto y dinero.

Quizás me dirás algo como “Pero JEFS, a veces debes mostrar de manera cruda el elemento para causar un impacto, eso es parte del arte, ¿no es así?”. Por supuesto, pero si alguien hiciera una película que critica la violación, seguramente no estarías muy de acuerdo con que la actriz sea efectivamente violada en frente de las cámaras.

O, por ejemplo, si alguien fuera a dar una plática sobre la violencia intrafamiliar y empezara la presentación con “He golpeado a mi esposa los últimos tres años para demostrar que está mal hacerlo; aquí les comparto los resultados”, seguramente te sentirías un poquito incómodo, ¿no lo crees?

Eso es porque el arte, antes que todo lo demás, es profundamente humana y ataca los problemas con una sensibilidad y honestidad que hace que se nos erice la piel.

Puedes ser crudo para que tu mensaje llegue, pero no puedes ser hipócrita. ¡Tu labor artística depende de eso!

Además, realmente no hay excusa para lo que hace Cuties, porque es un problema muy fácil de solucionar. Ya sea creando una historia animada donde los actores de voz son adultos o, simplemente, editando y grabando las escenas de forma que haya un poco más de sutileza en el mensaje.

Así como está, es muy claro que los creadores buscaban la polémica, porque la mayoría de las escenas sobre-sexualizadas no aportan nada a la narrativa y terminan volviéndose redundantes.

El final es forzado y está mal construido

cuties, Cuties: carnada para los pseudo-críticos

Quizás en parte para confundir a los críticos, la película termina de una forma muy extraña.

Al final, Amy se presenta con sus amigas (aunque ya no son tan amigas) en el concurso. Como te podrás imaginar, el baile parece sacado directo de un video de Daddy Yankee o Maluma. Ni siquiera películas de danza como Step Up, con actores adultos y en perfecto estado de forma, utiliza pasos tan sugestivos y exagerados.

En medio del baile, por alguna razón, Amy empieza a llorar y sale corriendo del lugar. Cuando entra a su casa, su tía, la fanática religiosa más intensa de la película, la cuestiona por la ropa que trae puesta y su madre, en cambio, la defiende, casi como diciéndole “que mi vida haya sido arruinada por nuestra religión, no significa que la tuya también deba serlo”.

Amy se cambia de ropa, pero no se pone ni el atuendo provocativo de las amigas ni el vestido que debía llevar a la boda. En su lugar, se pone ropa acorde a su edad y sale feliz de la vida a saltar la cuerda con otras niñas, representando que ahora ha encontrado el balance perfecto entre su sexualidad y la edad que tiene.

Si te pareció que esto no es tan grave, créeme, eso es porque hice un esfuerzo porque tuviera sentido, que es más de lo que puedo decir sobre los creadores de la película.

Para empezar, la transformación de Amy y de la mamá aparece de la nada, no está justificada por ningún elemento de la narrativa. De repente, ambos personajes completan un arco inexistente y la temática de un giro de 180º, tratando de engañarte para que digas “¡Ah, esta era su intención desde el inicio!”.

Si bien es cierto que “encontrar un balance” puede ser un mensaje relativamente apropiado para esta clase de historias, la forma en la que se llega a él es completamente artificial y maneja una idea muy peligrosa.

Con eso me refiero a que la protagonista, súbitamente, toma una decisión que va en contra de lo que sabemos de ella hasta entonces, y cambia drásticamente sin ningún otro detonante aparte de su inexplorado sentido moral.

No es su madre, no es su religión, no es la sociedad, no son sus amigas o cualquier otro factor externo lo que la ayuda a descubrir la verdad; es ella solita.

En pocas palabras, la película nos invita a dejar que las niñas pequeñas se sexualizen, sin juzgarlas ni cuestionarlas porque, si realmente está mal, ellas serán capaces de decidir por su cuenta porque, como constantemente nos repiten los personajes, si son capaces de menstruar, entonces son mujeres.

Si te parece que estoy leyendo demasiado entre líneas, déjame comentarte que hay una escena en que la tía le cuenta a Amy que, cuando tenía su edad, a ella ya la estaban casando, insinuando que ya no es una niña y, claramente, presentando la interrogante de “si es lo suficientemente grande para casarse, ¿no debería ser capaz de explorar su sexualidad a voluntad?”.

La pregunta en sí no es el problema, es la forma deshonesta en que se maneja y que convierte la respuesta en otro mensaje a favor de la pedofilia.

El arte es algo más profundo que esto

cuties, Cuties: carnada para los pseudo-críticos

No te dejes llevar por los pseudo-críticos que ven cosas como estas y meten sus extrañas ideas para extraer elementos que la narrativa no presenta o tergiversarlos por completo.

El arte no se trata de impactar, se trata de tomar un problema y desarrollar ambas partes del conflicto de una forma honesta y justa, mostrando tanto las luces como las sombras.

¡Espero que este artículo te haya gustado! Entiendo que esta es una conversación que da para mucho más, así que ten la confianza de dejarme un comentario. ¡Con gusto te responderé!

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